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Identificaron en Pozo de Vargas los restos de una estudiante desaparecida

Tenía 19 años cuando fue detenida por policías en la ciudad de Salta, junto a su pareja, Otto Stranka, de la provincia del Chaco. Ambos eran militantes peronistas. 

El 26 de enero de 1976, cuatro policías uniformados allanaron el domicilio de María Bejar en la ciudad de Salta y se llevaron detenida a su sobrina, Ana María Rodríguez Belmonte, y a su pareja, Otto Stranka. Esa fue la última noticia que se tuvo de la joven estudiante tucumana; hasta ahora, cuando el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) pudo identificar restos suyos en el Pozo de Vargas, en Tucumán.

La novedad fue dada a conocer por Josefina Molina, querellante en la investigación en búsqueda de víctimas del terrorismo de Estado que se tramita en el Juzgado Federal N° 2 de San Miguel de Tucumán, a cargo del juez Fernando Poviña. “Restos de la joven Ana María Rodríguez Belmonte fueron identificados en el Pozo de Vargas, en San Miguel de Tucumán”, informó Molina, dando cuenta de que anteayer las partes fueron notificadas de esta nueva identificación.

Ana María Rodríguez Belmonte era tucumana, de una familia de San Pedro de Colalao, muy conocida en la zona, contó Molina. Estudió en el Colegio del Huerto, militaba en el PJ y en Montoneros. Stranka también militaba en la JP y estaba finalizando o había finalizado sus estudios de ingeniería en la Universidad Tecnológica Nacional. Les dos vivían en la ciudad de San Miguel, pero fueron a Salta en un intento de esquivar la represión, que les alcanzó casi un mes antes del golpe de Estado.

Desde el mismo secuestro, familiares de Ana María trataron infructuosamente de dar con algún dato de la joven. Ya en democracia su padre, Rodolfo Amado Rodríguez, denunció ante el Juzgado Federal N° 2 de la ciudad de Salta la desaparición de su hija cuando se encontraba transitoriamente en la casa de su tía María Bejar. Entonces dijo que por Bejar supo que cuatro policías allanaron su domicilio y se llevaron a su hija “sin que mediara ninguna explicación sobre su detención”.

Rodríguez recurrió a distintos organismos estatales: hizo la denuncia en la Policía, presentó habeas corpus “en todo el país”, presentó notas en el Ministerio del Interior, en los juzgados de su provincia y en la Justicia Federal, todo “sin resultado positivo”, hasta llegó a entrevistarse con el general Antonio Domingo Bussi. En Buenos Aires visitó hospitales, las delegaciones de la Policía Federal, “pero sin resultado alguno. Incluso sacó avisos en el diario”. Y, como solía ocurrir en esos casos, recibió muchas llamadas anónimas, pero con información falsa.

Rodríguez contó que su hija estudiaba el bachillerato y había estado becada por seis meses en los Estados Unidos, en el Instituto Rthas, en Kansas City.

Ana María y Otto figuran en la lista de 267 personas víctimas de terrorismo que pasaron por Arsenales Miguel Azcuénaga que confeccionó la abogada Laura Figueroa, de la Asociación de Abogados por los Derechos Humanos de Tucumán.

Poco se sabe sobre Ana María, y casi todo proviene de los rastros de Otto Stranka, que provenía de una familia polaco-argentina radicada en la localidad de Tres Isletas, en la provincia del Chaco. “No tenemos información de que la hayan visto en un centro clandestino, a él sí” lo han visto en La Escuelita de Famaillá y en Arsenales, “pero a ella no”, contó Molina.

En una investigación de Carola Ochoa publicada en Socompa, el militante peronista Juan Carlos Villalba contó que conoció a Stranka en 1971 y se hizo muy amigo. Recordó que a fines del 1971 Otto “se puso de novio con una chica que vivía frente a la Facultad. Su nombre: Ana María. Era ligeramente unos años menor, estaba terminando la secundaria y se enamoraron hasta el final de sus vidas, que fue cuando ambos cayeron en manos de los asesinos de la dictadura”.

Para 1972 Villalba, Stranka y otros estudiantes comenzaron a mostrar su identidad peronista y se conectaron con otres militantes. Otto se contactó sobre todo con el abogado Dardo Molina, el padre de Josefina Molina, y al poco tiempo comenzaron a participar del Operativo Retorno de Perón al país.

Por más identificaciones

Josefina Molina recordó ayer que en el año 2000 el EAAF inició una campaña solicitando que toda familia que tenga una víctima de desaparición forzada de personas deje una muestra de sangre en el banco del EAAF para tratar de identificar a sus parientes. Esa convocatoria se mantiene hasta el día de hoy, dado que aún quedan familias que no dejaron muestras de su ADN y quedan restos óseos sin identificar.

Molina es querellante en la investigación sobre los restos de les desaparecides. Su padre era abogado y ocupó el cargo de vicegobernador de Tucumán. Parte de sus restos fueron encontrados en el Pozo de Vargas, pero antes fue visto en Arsenales. “Tengo testimonios de que pasó por Jefatura, por la Brigada y por Arsenales”, donde “lo matan y arrojan al cuerpo en el Pozo”, detalló Molina. Agregó que el Pozo de Vargas “no queda muy lejos de Arsenales”.

Molina puso énfasis en señalar que “el Pozo de Vargas no es una fosa común, es un pozo de agua, de construcción inglesa que existía y que data del año 1879 que estaba en ese lugar para alimentar a los trenes del ferrocarril Belgrano que pasa a la par del Pozo de Vargas”.

Por ser un pozo de agua, “es una labor complicadísima para los peritos que han trabajado en el campo”, integrantes del CAMIT (Colectivo de Arqueología, Memoria e Identidad de Tucumán), que bajaron y recuperaron los restos. Para eso debieron avanzar sacando las vigas y también extrayendo el material que los genocidas tiraron al pozo precisamente para obstaculizar la recuperación de restos de las personas que arrojaron ahí.

Molina recordó que recién a los 29 metros de profundidad “han aparecido los primeros huesitos”, y aclaró que está hablando “de fragmentos óseos, no de esqueletos” porque no se puede recuperar un esqueleto completo debido a que “con la caída y el golpe en las vigas más todo lo que le han tirado encima, se han quebrado”. Como ejemplo, contó que a ella la notificaron en 2014 que habían encontrado un diente, un molar y un fragmento de cúbito de su padre; en  2015 encontraron ambos homóplatos; a los tres meses dieron con las costillas y otro hueso. En 2016, la parte de los fémures y en 2017 la parte inferior incluidos los dos pies, y “con prendas de vestir, pantalón y camisa, “es decir, todo es una recuperación parcial”.

Por Elena Corvalan