La encuesta de Managment & Fit revela que la senadora se mantiene como la dirigente con el mayor caudal de imagen positiva a nivel nacional al alcanzar un 36,3%. El efecto Manuel Adorni y Karina Milei se proyectan como una sombra sobre la gestión libertaria.
El escenario político y social argentino muestra una marcada polarización y una creciente tensión entre la agenda de reformas institucionales y el desgaste económico que impacta en el bolsillo de los ciudadanos. A pesar de que se observan ligeras recuperaciones en la imagen individual de los principales líderes, la encuesta realizada por Manangment & Fit entre el 11 y el 22 de mayo de 2026 muestra que la desaprobación de la gestión nacional ha alcanzado su punto más alto, motorizada por el impacto de escándalos internos y una deprimida percepción de la situación económica en el plano personal.
Al evaluar el tablero político nacional y la imagen pública de las principales figuras de la escena pública, el mapa general sigue dominado por un sesgo de diferencial negativo para la totalidad de los dirigentes evaluados. No obstante, en la cima de este esquema se destaca que la ministra Patricia Bullrich mide mejor que el presidente Javier Milei. Bullrich se mantiene como la dirigente con el mayor caudal de imagen positiva a nivel nacional al alcanzar un 36,3%, compuesto por un 18,0% de calificación “Muy Buena” y un 18,4% de Buena, frente a un rechazo global del 47,4% que le otorga un diferencial neto de menos 11,0%.

Inmediatamente debajo de ella se ubica Javier Milei, quien anota a nivel país un 31,7% de positividad ante un 53,8% de imagen negativa, lo que le confiere un diferencial de menos 22,1%. Por debajo de ellos dos se posiciona el resto de los líderes políticos del arco oficialista y opositor, ordenándose con un nivel de aprobación inferior.
En la parte más baja de este tablero se evidencia quiénes son los más desgastados por la gestión y cómo este fenómeno afecta de manera directa a la figura de Javier Milei. El desgaste estructural más profundo dentro del oficialismo se concentra de forma en los funcionarios del entorno íntimo presidencial.
El vocero Manuel Adorni arrastra una imagen negativa del 63,2% contra solo un 16,0% de positiva, en tanto la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, registra un 61,8% de desaprobación y apenas un 14,3% de opiniones favorables. Este deterioro en la consideración de su círculo de máxima confianza genera un efecto de arrastre que erosiona la sustentabilidad política del primer mandatario, impactando en su propio nivel de rechazo histórico y debilitando el blindaje discursivo del Gobierno ante la sociedad.

En lo que respecta a las demandas ciudadanas a nivel país, los aumentos de precios y tarifas vinculados a la inflación se mantienen en el primer escalón de las preocupaciones nacionales con el 24,7% de las menciones, a pesar de evidenciar un marcado retroceso en comparación con el mes de abril. La novedad saliente del periodo radica en el avance de la corrupción, que ha trepado al segundo puesto con un 18,6% tras sumar casi tres puntos en el último mes, relegando a la desocupación al tercer lugar con un 15,8% y a la pobreza al cuarto con un 14,0%, mientras que la inseguridad se estaciona en un 11,3% a nivel macro.

Al descender al plano familiar, el ahogo financiero de los hogares se vuelve indiscutible, dado que el bloque de problemáticas estrictamente económicas acumula un abrumador 71,8% de las respuestas totales. En este sentido, la dificultad para llegar a fin de mes encabeza el listado personal con un 23,6%, seguida por la preocupación en torno a los bajos ingresos con un 19,0%. En paralelo, los problemas vinculados al endeudamiento familiar muestran un fuerte salto cualitativo al trepar al 12,6%, mientras que la falta de trabajo afecta de forma directa al 9,4% de los encuestados, tocando picos del 12,6% entre la juventud.
Esta vulnerabilidad social se traduce en un dato alarmante, ya que un 22,7% de la población manifiesta que ya no puede afrontar su situación económica actual, una percepción de agotamiento financiero que se dispara hasta el 30,9% en los estratos de menor nivel educativo.
La aprobación de la gestión de Javier Milei arroja un 37,9%, refleja una paridad casi absoluta con el mes anterior. Sin embargo, la desaprobación escaló hasta fijarse en un 58,1%, estableciendo el registro de rechazo más alto desde el inicio de la administración libertaria debido a la caída de la franja de indecisos.

En el mediano plazo, la consideración de la figura presidencial expone una resiliencia de su núcleo duro acompañada de un crecimiento del polo opositor, donde su imagen positiva se recupera para ubicarse en el 31,7% pero su imagen negativa trepa al 53,7%. Este fenómeno se explica por el desplome de la calificación “Regular”, que pasó del 20,3% al 14,1% en la última ola, evidenciando que el centro se vacía.
En conclusión, los datos recolectados indican que el Gobierno nacional se adentra en una fase de rendimientos decrecientes en materia de opinión pública, donde el fuerte consenso hacia reformas institucionales específicas, como el 77,8% de acuerdo con la “Ficha Limpia” o el 72,8% con la “Boleta Única de Papel”, empieza a verse condicionado por la crisis de ingresos personales. Los focos de conflicto judicial e institucional que afectan al entorno íntimo oficialista y a sus figuras más desgastadas ha llevado a que un 69,6% de la ciudadanía afirme que su confianza en la gestión disminuyó a raíz de los hechos recientes, planteando un desafío inmediato para la consolidación del proyecto presidencial.
Mientras tanto, alejada de la gestión diaria, Patricia Bullrich está enfocada en presidir el bloque libertario en el Senado. Desde ese espacio estratégico se distancia de algunas decisiones de Karina Milei mientras va moldeando su propia imagen para construir una futura candidatura, la cual podría proyectarse hacia la Jefatura de Gobierno, una postulación como vice de Milei o, de cara a su mayor ambición, convertirse en presidenta.
La encuesta fue realizada entre el 11 y el 22 de mayo de 2026, combinó metodología presencial, online y telefónica a través de sistemas CATI. Con una muestra que abarcó dos mil seiscientos casos efectivos y dos mil doscientos ponderados a nivel nacional, el estudio cuenta con un margen de error general de más o menos 2,1% para un nivel de confianza del 95%.

Por Felipe Leibovich – Perfil

