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Elecciones presidenciales en Irán

Este 18 de junio Irán celebrará elecciones presidenciales. Luego de las legislativas 2020, el escenario político iraní quedó como el más conservador desde la Revolución de 1979. Con la salida del reformista Hasán Rohaní del gobierno, se reduce la posibilidad de reflotar el acuerdo nuclear de 2015 y el país persa puede entrar en una nueva fase de radicalización.

Irán es una pieza clave del llamado Gran Medio Oriente, que abarca desde el Magreb hasta Asia Central. País con larga historia imperial y desarrollo cultural, ha sido protagonista en los informes estratégicos de las potencias a partir de la Revolución Islámica de 1979.

Con unos 85 millones de habitantes y una superficie cercana al 60% de la de la Argentina continental, es la segunda economía de la región por su PIB (PPP). Sin embargo, en los últimos tres años experimentó una fuerte recesión producto de las sanciones internacionales y un sistema productivo estancado.

Irán es uno de los principales productores de petróleo a nivel mundial y tercero en el podio de producción de gas natural tras Estados Unidos y Rusia. Según los informes de inteligencia norteamericanos, es uno de los poderes militares más robustos de su región y también posee la mayor capacidad misilística.

Pero el país persa es más conocido por su controvertido programa nuclear, que lleva ya siete décadas de desarrollo. En 2019, la caída del Acuerdo Nuclear (P5+1) con Occidente, por la retirada unilateral de Estados Unidos, reinstaló las suspicacias acerca de la naturaleza de la actividad atómica de Teherán.

UN IRÁN MÁS CONSERVADOR QUE NUNCA

El sistema de partidos de Irán se caracteriza por su fragmentación, así como por la naturaleza cambiante de las alianzas entre las distintas facciones parlamentarias. Además, los partidos son volátiles: para cada elección se arman nuevas plataformas que se disuelven después de los comicios. Más que partidos, entonces, son reconocibles dos principales grupos políticos: los reformistas y moderados por un lado; los conservadores y la línea dura por el otro.

A pesar de sus discrepancias, todos reivindican la República Islámica, vigente desde 1979. Además, aunque las posiciones menos intransigentes tengan críticas hacia los políticos y la burocracia, todos profesan un nacionalismo orgulloso que reivindica autonomía respecto de Occidente.

Los reformistas apoyan ciertas reformas de fondo que darían a los órganos elegidos un mayor papel en la gobernanza del país. Además, su discurso en estas elecciones está concentrado en propuestas para mejorar la rendición de cuentas democrática en Irán.

Las listas moderadas también respaldan una mayor gobernanza tecnocrática, la liberalización económica y mayores acuerdos diplomáticos con el exterior. Entre sus filas encontramos a Hasán Rohaní, presidente desde 2013, y el expresidente Akbar Hashemí Rafsanjaní (1989-1997).

Por otra parte, los candidatos conservadores apoyan la legitimidad de los teólogos gobernantes de la República Islámica y representan en parte los intereses económicos de la clase mercantil de Irán. Sin embargo, a diferencia de sus aliados de línea dura, los conservadores apoyan la posibilidad de diálogo y arreglos puntuales con el mundo exterior (lo que se evidenció, por ejemplo, en el apoyo conservador al acuerdo nuclear de 2015 con el P5+1 -el Plan de Acción Integral Conjunto-).

Los de línea dura apoyan incondicionalmente al líder supremo y a la tutela de los juristas islámicos. Se oponen a las negociaciones con Occidente y apoyan una mayor intervención del Estado en la vida social y política iraní. Como referencia, entre los principales partidarios de la línea dura figura el expresidente Mahmud Ahmadineyad (2005-2013), quien intentó sin éxito presentarse para estos comicios.

Las elecciones parlamentarias de febrero de 2020 fueron las undécimas desde la Revolución de 1979. La Asamblea Consultiva Islámica iraní, conocida como Majlis, es unicameral y cuenta con 285 escaños electivos (290 en total) que son renovados cada cuatro años.

A pesar de que el poder está concentrado en el ayatolá (desde 1989, Alí Jamenei) y otras instituciones no electas, la Asamblea Consultiva Islámica también es importante. Es el órgano encargado de la legislación ordinaria en Irán, controla los actos de gobiernos del Presidente y puede remover ministros, además de elegir a la mitad de los miembros del Consejo de Guardianes.

En la favorable elección de 2016, la coalición de reformistas y moderados conquistaron el 42% de las bancas en la Majlis. Pero los comicios de 2020 fueron una victoria contundente para los sectores más conservadores y de línea dura, quienes duplicaron su representación parlamentaria (casi 75% de las bancas). A pesar de tener la menor concurrencia desde 1979 (42%), el Majlis es el más conservador y duro desde la Revolución.

LA CARRERA A LA PRESIDENCIA 2021

Para las elecciones presidenciales de este año se habían enlistado 600 precandidatos, 40 de ellas mujeres. Los requisitos básicos son ser ciudadano, tener entre 40 y 75 años de edad y profesar el Islam chií.

En los últimos meses el Consejo de Guardianes, órgano responsable de presentar la lista final de aspirantes a la presidencia en las urnas, depuró el número inicial para llegar a los siete candidatos autorizados. La gran figura es Ebrahim Raisi (60), Presidente del Poder Judicial desde 2019. Raisi es un religioso de la línea dura; en 2017 fue derrotado en la elección que le dio a Rohani su segundo mandato.

Raisi cuenta con el visto bueno del ayatolá Alí Jamenei (82) y es una figura reputada de la política iraní hace décadas: en 1988 participó del panel que sentenció a miles de personas a la muerte en las postrimerías de la Guerra Irak-Irán.

¿Quiénes son los demás candidatos? Del riñón de la Guardia Revolucionaria tenemos a Mohsén Rezaí (66), excomandante de esta fuerza paramilitar iraní que ya participó en otras tres elecciones presidenciales, y Mohsen Mehralizadeh (64), vicepresidente de Mohammad Jatamí entre 2001 y 2005, más reformista.

Ninguno de los otros cuatro es ajeno al establishment. Saíd Yalilí (55) ayudó a forjar el Acuerdo Nuclear de 2015 y fue secretario del Consejo Superior de Seguridad Nacional en el gobierno de Ahmadineyad. Alireza Zakani (55), legislador de línea dura, participa en la formación de la opinión pública a través de sus medios Jahan News y Panjereh Weekly.

Abdolnaser Hemmati (64), profesor de economía en la Universidad de Teherán, fue gobernador del Banco Central durante los últimos tres años y vicepresidente del conglomerado de medios estatales iraní. Amir-Hossein Ghazizadeh Hashemi (50) es otra carta de los conservadores, vocero del parlamento irani.

La exclusión del expresidente Ahmadineyad se sumó a las de Alí Lariyaní, un conservaor con larga trayectoria en la Guardia Revolucionaria y cargos ministeriales y legislativos, y Eshaq Yahanguirí, actual vicepresidente y exponente del reformismo. Con las demás principales corrientes políticas sin candidatos fuertes, todo anticipa una reedición del triunfo de la línea dura, tal como ocurrió en 2020 en las legislativas.