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El drama detrás de la mula mexicana que cayó en Ezeiza con $700 millones de droga en la valija

El caso de Angélica E. revela cómo mujeres pobres de países latinoamericanos todavía son arrestadas con cargamentos de éxtasis y cocaína de altísima pureza para luego ser condenadas por la Justicia. ¿Dónde están sus jefes narco?

Angélica Encarnación volverá a casa en México. La esperan sus dos hijos, que viven con su abuelo paterno. Esta semana, tras un pedido de su defensa, el Tribunal En Lo Penal Económico N°1 aprobó su extrañamiento, el recurso que le permite a los delincuentes extranjeros regresar a su país a la mitad del cumplimiento de su condena, luego de que Migraciones aprobara su expulsión de la Argentina.

De 25 años, oriunda de Querétaro, con un último domicilio declarado en un barrio pobre de la capital mexicana, Angélica fue arrestada por la PSA en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza el 6 de abril de 2024. Había llegado en el vuelo AM 030 de Aeroméxico, proveniente de Guadalajara, con una escala en el DF. Había despachado una valija made in China, un equipaje carry on color rosa. El scanner aduanero en Ezeiza reveló que llevaba poco más de 14 kilos de MDMA, cristal de éxtasis.

La droga, tiempo después, fue peritada por la Dirección de Criminalística y Estudios Forenses de Gendarmería: se descubrió que tenía un 92 por ciento de pureza.

Había una fortuna en esa valija. Hoy, un gramo de MDMA -cada vez más en demanda en el mercado narco, uno de los ingredientes de la versión premium de la tusi, la cocaína rosa- cuesta, como mínimo, $50 mil pesos en el submundo de los dealers argentinos; vale casi el doble que la cocaína. La cuenta final es notable. Ese carry on color rosa despachado en Guadalajara, vendido gramo por gramo, valía unos posibles $700 millones de pesos.

Fue a juicio seis meses después, en el mismo Tribunal que autorizó su regreso a casa, con una acusación a cargo del fiscal Marcelo Agüero Vera. Reconoció todo en su indagatoria. Dijo que sí, que la valija con droga era suya, que sabía perfectamente lo que contenía. El narco que la envió a la Argentina -y el narco que seguramente la esperaba- no aparecieron para ayudarla: Angélica, sola en Argentina, terminó asistida por una defensora oficial.

Así, el 27 de diciembre de 2024, Angélica pactó su condena en un juicio abreviado por el delito de tentativa de contrabando de estupefacientes: cuatro años y seis meses, la pena que suelen pactar las mulas internacionales como ella. Pasó dos años presa en el Complejo VII de Ezeiza, una de las cárceles de mujeres del Servicio Pënitenciario Federal, donde la sancionaron por esconder un celular con chip en su celda.

Este domingo se cumplirá el plazo de la mitad de su pena. El juez Ignacio Fornari, que firmó su extrañamiento, ordenó a la Dirección Nacional de Migraciones “a que extreme los medios necesarios para que el extrañamiento de la nombrada se efectivice a partir de la fecha señalada”. Pero el narco que envió a Angélica -y el narco que la esperaba en Buenos Aires- jamás fueron identificados. Ese, para los funcionarios de la Justicia en lo penal económico, es un problema recurrente: la mula, casi siempre una mujer pobre, calla. No habla, no sabe. Y siempre habrá otra. El cañón del negocio de la droga cuenta con carne infinita.

La mula, ya detenida, admite lo inevitable, pacta su pena, y punto. Un veterano investigador afirma: “Las mandan al otro lado del mundo con droga en la valija y con unos pocos pesos, sin saber qué las espera del otro lado. No conocen al capo, no conocen al dueño, solo a su reclutador”.

Otra alta fuente en la Justicia que fue parte del expediente que investigó a Angélica, asevera: “La mula es, siempre, el último eslabón, el más vulnerable, algo que se tiene en cuenta al momento de imponer una pena. Su situación es muy dolorosa y triste, pero no excluye su responsabilidad penal. En el caso de Angélica, se analizó muy profundamente su situación personal”.

¿A qué regresará Angélica cuando vuelva a México? Difícil decirlo. Ante la Justicia argentina, aseguró haber sido víctima de violencia de género, tanto del padre de sus hijos como de su propio padre. El narco es otra historia.

El esquema se repite en el tablero. A mediados de mayo último, Susan D., una mujer chilena de 43 años, fue condenada por el Tribunal en lo Penal Económico N°1 a una pena idéntica a la de Angélica, un año después de ser detenida por hacer escala en Ezeiza en su ruta hacia Hong Kong con dos kilos de cocaína 94% pura en la valija.

El martes pasado, Liliana A., oriunda de Perú, presa en la misma cárcel que la mula mexicana, pactó con su defensora oficial otra condena de cuatro años y ocho meses de prisión. El delito: ser mula internacional también. Llevaba 20 dólares y $1400 pesos en el bolsillo.

Liliana A. fue detenida el 7 de noviembre de 2025 en Ezeiza, cuando se disponía a abordar un vuelo de Air France a Florencia, Italia. La droga -9,2 kilos de cocaína- estaba distribuida en 20 paquetitos ocultos en su carry on color gris. Al igual que Encarnación, Liliana de Perú reconoció el hecho; ARCA querelló en su contra.

La droga, otra vez, era de una pureza notable. La División Cuantificación de Estupefacientes de Departamento Drogas de Abuso de la Dirección de Criminalística y Estudios Forenses de Gendarmería Nacional determinó que oscilaba entre un 92 y un 99%. El remisero que la llevó desde un hotel de la calle Suipacha hasta Ezeiza fue un testigo en su contra. Otra vez, faltó el narco que la mandó, o el que la esperaba. Así, Liliana de Perú continuará presa.

De nuevo, los fiscales encargados de llevar estas causas a juicio miran a sus pares encargados de investigarlas. Rastrear al narco, aquí, es al menos difícil. El vínculo internacional se forma a través de la dark web y redes sociales. Sin embargo, la PROCUNAR -el ala de la Procuración que investiga delitos narco- llevó adelante cinco entregas controladas en Europa en los últimos dos meses.

Así y todo, para el Estado argentino, a veces más preocupado en incautar cientos de kilos que en vidas humanas, este costado del negocio de la droga marcado por la codicia que alimenta a dealers del otro lado del planeta es una cuestión menor. Un funcionario de altísimo rango asevera: “Es microtráfico, una vía de tantas, entre los paseros de la frontera con Bolivia, las mulas que traen droga en el estómago. Hay que cortar todas las vías posibles”.

Por Federico Fahsbender – Infobae