El Presidente niega la existencia de un problema de empleo, a pesar de que las encuestas lo ubican al tope del ranking de preocupaciones
A Javier Milei le gusta recordar que en su "job description" como presidente, hay dos temas excluyentes: terminar la inflación y combatir a la delincuencia. Y se jacta de sus avances en ambas materias. Sin embargo, hay otro rubro al que no suele referirse a menudo, pero que le podría costar la reelección: el desempleo.
Para un porcentaje cada vez mayor de la opinión pública, ese tema será la nueva habilidad requerida para quien asuma en la Casa Rosada en diciembre de 2027.
Claro, al presidente le resulta difícil aceptar el mero diagnóstico de que hay un problema de empleo en el país, dado que la estadística del Indec marca un nivel de desocupación relativamente moderado, y por debajo del promedio histórico. Y, efectivamente, un 7,9% luce como una cifra moderada, en comparación con los niveles históricos que se llegaron a sufrir:
- El 18% que se llegó a sufrir en los años 90, durante la llamada "crisis del efecto tequila"
- El traumático 25% que se llegó a registrar tras el colapso de la convertibilidad en 2002
Sin embargo, la percepción que tiene la sociedad sobre este tema es muy diferente de la versión oficial. Casi todos los sondeos marcan que la dificultad para encontrar trabajo se ubica al tope del ranking de preocupaciones argentinas.
Una encuesta reciente de la consultora Atlasintel revela que el 75% de la población considera mala la situación laboral, lo cual hace que el empleo esté en el segundo lugar de los mayores problemas, detrás de la corrupción.
También se reportaron respuestas similares en sondeos de la Universidad San Andrés y de la consultora Mora Jozami. La inflación no desapareció del ranking, pero sus menciones aparecen en la mitad de la tabla.
La disyuntiva entre la lucha contra la inflación y un repunte de la actividad
En el Gobierno no ignoran esta situación, y eso es, precisamente, lo que llevó a la discusión interna respecto de si vale la pena seguir profundizando la lucha antiinflacionaria o si se debería reenfocar las prioridades.
Quienes le han aconsejado a Milei un cambio ponen énfasis en la necesidad de lubricar el crédito. Así, afirman, se reactivaría el mercado interno y se dinamizaría la actividad en el sector pyme. Pero esa política implicaría, para empezar, una relajación en la estricta política monetaria que aplica el ministro Toto Caputo.
Es una alternativa que Caputo ha rechazado, tanto en el discurso como en hechos concretos. Por caso, en la última licitación del Tesoro, no se conformó con "rollear" todo el vencimiento de deuda, sino que además colocó bonos para absorber $1,8 billones.
Y en el mercado se generó la expectativa de que esa seguirá siendo la tónica, dado que el gobierno no abandonó el temor de que los pesos que emite el Banco Central cada vez que compra dólares terminen presionando los precios y el tipo de cambio.
Y, precisamente, el dólar es otro punto sobre el que el gobierno se ha manifestado expresamente contrario a recurrir como herramienta de protección para la industria. Los empresarios locales no sólo se quejan sobre la desprotección arancelaria frente a los competidores importados, sino que además acusan al gobierno de incurrir en el atraso cambiario como ancla inflacionaria.
Entre Phillips y el boom petrolero
Milei tiene motivos fundados para no dar el brazo a torcer. En el plano ideológico, porque cambiar su política implicaría la aceptación de una teoría que el liberalismo siempre ha rechazado. Se trata de la célebre "Curva de Phillips", que sostiene que hay una relación inversa entre la inflación y la desocupación.
Según esa corriente, cuando la economía está en un proceso de precios crecientes, los salarios tienden a subir nominalmente con un retraso respecto de los precios. La contracara de esa situación es un incremento en el margen de rentabilidad empresarial, que se traduce en una mayor demanda de mano de obra.
El presidente se ha referido, en más de una oportunidad, de manera despectiva a quienes en el siglo 21 siguen creyendo en esa teoría desarrollada en los años 50, y que varios economistas liberales han tratado de rebatir, con el argumento de que la mejora del empleo en un marco inflacionario sólo se verifica en el cortísimo plazo.
Pero, sobre todo, el concepto que Milei lucha por imponer es el del cambio en la estructura productiva del país. Desde ese punto de vista, la pérdida de puestos en la industria "prebendaria" no sólo no constituye un problema, sino que hasta es deseable.
El presidente sostiene que habrá una migración natural de empleos desde los sectores menos competitivos de la economía, como la industria textil o los electrodomésticos, hacia los nuevos sectores dinámicos, como la energía y sus servicios conexos.
Justamente, ese fue el tema que volvió a tocar, aprovechando el dato de un nuevo récord exportador en septiembre, que tuvo al petróleo como locomotora.
Hay un problema, claro. Para las elecciones falta un año, y esos procesos de reconversión laboral en una economía pueden llevar mucho tiempo. Sobre todo si implican que haya gente que se mude desde el conurbano bonaerense a la provincia de Neuquén, y de que una generación se jubile para dejar paso a jóvenes que nacieron en la era de la inteligencia artificial.

Por Fernando Gutiérrez-IP

