El destino de $3,7 billones que absorbió el Tesoro en la última licitación y que "se perdieron" dio lugar a un debate tragicómico sobre el dinero público
En una nueva demostración de que en Argentina es imposible aburrirse, una licitación del Tesoro pasó a ser el tema central de la agenda pública: la diputada Marcela Pagano intercambia amenazas con el ministro de Economía, Luis Caputo, por el "misterio de los $4 billones". Y lo insólito es que todo empezó como un chiste.
En la última licitación del Tesoro, dos semanas atrás, ante un vencimiento de bonos de deuda pública por $8,4 billones de deuda, Caputo no se contentó con "rollear" ese monto, sino que emitió bonos por un excedente de $3,7 billones, una situación normal en estas operaciones de finanzas públicas.
Desde el gobierno, se celebró esta situación como una señal de confianza por parte del mercado, ya que se logró "patear" deuda de corto plazo por bonos que vencen después de las elecciones.
Sin embargo, del otro lado del mostrador hubo quejas. En primer lugar, porque al "aspirar" tantos pesos del mercado se agravó la iliquidez del sistema, lo cual se notó en la volatilidad de la tasa de interés. Y, además, porque nadie sabía exactamente dónde estaban los $3,7 billones que Caputo había retirado del mercado.
Lo habitual es que esos pesos queden depositados en una cuenta que el Tesoro tiene en el Banco Central. Pero, en este caso, no solamente no aumentó el volumen de la cuenta sino que hasta "adelgazó" en de $260.000 millones.
Fue a partir de allí que empezaron las teorías respecto de cuál había sido el destino de esa liquidez. Lo primero que pensaron los analistas era que Caputo usaría su liquidez para comprar dólares, y así quedar mejor posicionado ante el exigente calendario de la deuda externa.
Sin embargo, se vio que eso no había ocurrido. Entonces surgió la presunción de que se recomprarían bonos para reinyectar liquidez en el mercado. Pero las cuentas tampoco registraron movimientos en ese sentido -además de que sonaba contradictorio haber emitido un excedente de bonos para luego recomprarlos-.
Entonces fue que apareció la sospecha de que Caputo había depositado los pesos en el propio sistema bancario, sobre todo en el Nación.
Un manejo discrecional de liquidez por parte del Gobierno
¿Cuál sería el sentido de una decisión de ese tipo? Lo que interpretan los analistas es que eso le deja un mayor margen de maniobra a Caputo, que podría usar discrecionalmente los pesos, e ir volcándolos al mercado en la medida en que notara que fuera necesario.
Si el Tesoro deposita dinero en el BCRA, queda encajado al 100% y no se puede utilizar. En cambio, desde una cuenta del Nación, como cualquier ahorrista, puede ir retirando liquidez en la medida y en el momento en que considere necesario.
Entonces, el "rolleo" elevado tendría el objetivo de patear la mayor cantidad de deuda posible para después de las elecciones de 2027. Y los pesos absorbidos se van reinyectando en una dosis que Caputo considere que no es peligrosa para la inflación.
El reciente IPC de la Ciudad de Buenos Aires -dio 2,9% en julio- confirmó que la política inflacionaria sigue estando amenazada por riesgos, especialmente el de una caída en la demanda de pesos por parte del público.
¿Y dónde están los pesos de la licitación de Luis Caputo?
Hasta ahí, la situación parecía normal. Lo más grave que ocurrió fue que algunos consultores criticaron la falta de claridad en la comunicación oficial respecto de cómo se habían manejado los fondos captados en la licitación.
Y, sobre todo, la crítica generalizada entre los economistas es que lo que hace Caputo implica darle al Tesoro el manejo de la política monetaria, cuando en teoría es algo que le correspondería al Banco Central. A los efectos prácticos, no hay gran diferencia entre quién mueve esos pesos, pero suena contradictorio con el discurso oficial sobre la necesidad de reformar la carta orgánica del BCRA para dotarlo de mayor autonomía.
Los periodistas le preguntaron por este tema a Santiago Bausili, presidente del Central, en una conferencia de prensa convocada para presentar el informe monetario. Y el funcionario contestó en tomo de broma sobre el destino de los pesos faltantes: "No creo que hayan desaparecido, puede ser que no los hayan traído acá, pero estoy seguro que si buscamos bien, en algún lado están. Son bastantes como para no encontrarlos", dijo con una sonrisa.
A partir de ese momento, comenzaron a difundirse en las redes sociales una serie de comentarios críticos por parte de analistas y políticos que no habían interpretado bien la situación. Y se instaló la acusación de que habían desaparecido $4 billones de fondos públicos.
Entre quienes se plegaron a esa denuncia figuran el diputado socialista Esteban Paulón, la senadora Juliana di Tullio -que pidió una investigación del Congreso- y Aníbal Fernández, ex jefe de gabinete durante la gestión de Cristina Kirchner.
La hora de la diputada Marcela Pagano
Pero quien llevó la situación más lejos fue la diputada ex libertaria y ahora opositora Marcela Pagano. Desde las redes sociales anunció que había denunciado penalmente a Caputo y Bausili, por malversación de fondos e incumplimiento de funcionario público. "La plata de los argentinos no se pierde, no se esconde y no se administra en una caja negra", escribió la diputada.
Y el tema técnico que sólo importaba a los operadores financieros se tornó un escándalo: Caputo le contestó a Pagano que los fondos eran de pública trazabilidad y no había nada oculto. "Así que te va a estar llegando una querella por calumnias, por imputarme falsamente la comisión de un delito", agregó.
Pagano subió la apuesta, al afirmar que el ministro había robado oro del BCRA durante la presidencia de Mauricio Macri, que había sido "cuevero" del dólar blue y que ahora está "maquillando el déficit a fuerza de mover fondos". Para completar, lo calificó de "chorro", "burro", "canalla y cipayo".
El escándalo tocó su nivel máximo cuando el propio Javier Milei intervino, calificando a Pagano de "mentirosa serial" y "basura". La diputada contestó con una virulenta crítica a la gestión del presidente, a quien también calificó de "chorro". Y le reclamó que respondiera "dónde está el oro" y "los 4 mil palos" -en realidad, se trata de $3,7 billones.
Hubo todo tipo de ironías dirigidas a Pagano por la confusión conceptual que se desprende de su denuncia. Aunque lo cierto es que tuvo un logro político, porque ganó la centralidad mediática tras su entredicho con el ministro.
A esa altura, el tema ya era una usina de chistes y memes respecto de dónde había escondido Caputo los pesos desaparecidos y cómo había hecho para transportarlos. En definitiva, empezó como un chiste y también terminó con chistes. Al menos, mientras el tema no llegue a los juzgados.

Por Fernando Gutiérrez-IP

