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Diego Bossio: “Alberto Fernández desaprovechó las correcciones macroeconómicas que dejó Macri”

El exdirector de la Anses no ahorra críticas a las decisiones y posturas económicas del Gobierno en general y del cristinismo en particular; aunque reconoce las dificultades de la actualidad, dice que el país cuenta con recursos que le permitirán salir adelante

No va a haber un proceso hiperinflacionario en la Argentina”, asegura y desarrolla: “El déficit está controlado, no hay los niveles de déficit de inicio de los ‘80. Alfonsín recibió el gobierno de los militares con 15 puntos de déficit fiscal”, sostiene. “Es una vergüenza para el peronismo que gobierne con 100% de inflación”, dice.

“El tema de la inflación se resuelve con un plan de estabilización. No hay ni controles de precios mágicos ni una ley de intangibilidad de los depósitos que lo solucione”, afirma. “Quienes dicen que el problema de la inflación es solamente una cuestión de control de precios y de controlar a los empresarios están equivocados”, plantea. “La inflación es un problema macroeconómico serio”, insiste. “Los tres grandes precios que explican la inflación son cómo se mueve el dólar, cómo se mueven las tarifas, que están retrasadas pero se mueven, y los salarios. Si todo eso se está moviendo, no se puede estabilizar la economía”, analiza. “Para un plan de estabilización, se necesita tener credibilidad política”, asegura. “El problema del déficit fiscal es un problema serio y el conjunto de los argentinos y de las fuerzas políticas vamos a tener que hacer las autocríticas”, reflexiona.

“Yo lo respeto mucho a Sergio (Massa); trabajé muchos años con él. Tomó una responsabilidad importante en un momento crítico. Pero con este dispositivo y este diseño político es muy difícil que se logre implementar un cambio sustancial del régimen económico”, alerta. “Las correcciones macroeconómicas que recibió el gobierno de Alberto Fernández eran las correctas”, plantea. “La corrección tarifaria, del déficit fiscal, la corrección cambiaria y el ordenamiento de algunas cuestiones macroeconómicas le valió perder las elecciones a Macri”, señala. “El problema es político. En la medida en que no se ordene la política, en que no haya estabilidad y capacidad de convocar al resto, conversar y dialogar como método político y avanzar en un criterio, va a ser muy difícil que resolvamos los problemas estructurales”, diagnostica. “Y para bajar la inflación, está estudiado qué hay que hacer: disciplina fiscal, orden monetario, Bancos Centrales independientes y autónomos, con capacidad de tener sus balances fuertes y de tener reservas, con un vínculo con los organismos internacionales”, precisa. “El peronismo se tiene que renovar”, propone.

El economista Diego Bossio estuvo en La Repregunta. Bossio es socio fundador de la consultora Equilibra. Fue director ejecutivo de la Anses entre 2009 y 2015 y diputado nacional entre 2015 y 2019, siempre en el justicialismo. Fue socio político de Sergio Massa.

Aquí, la entrevista completa.

-Uno de los grandes debates que hay en la Argentina gira en torno a porqué hay inflación endémica y cuánto de esa inflación, por lo menos desde el regreso de la democracia, tiene que ver con una matriz conceptual del kirchnerismo que no ataca la variable central, el déficit financiado con emisión. ¿Cuál es su mirada sobre la inflación en la Argentina y la concepción económica que tiene el kirchnerismo?

-La inflación debería ser la prioridad de cualquier gobierno. Más allá del rebote inflacionario que estamos viendo hoy en Estados Unidos y en Europa, producto de la guerra y el aumento de los precios de los alimentos, el mundo ha resuelto el problema de la inflación. Los países de la región, los países vecinos, también lo han resuelto: Bolivia, Paraguay, Uruguay, Chile, Brasil.

-Perú.

-Exacto. La Argentina tiene un problema serio y estructural. La inflación es parte de su ADN y de la coyuntura política y económica. Es un problema porque los países con alta inflación, arriba del 40%, y persistente tienen problemas para crecer y desarrollarse. Esto lo hemos estudiado con Martín Rapetti y otros economistas que están trabajando el tema de los planes de estabilización en profundidad. La Academia es concluyente en ese sentido. La prioridad debería ser bajar la inflación. Hay otro problema: a quién afecta la inflación. La inflación es una herida al corazón de la clase media. Una inflación del 100% como la de la Argentina representa un retroceso social muy grande. Además, es una vergüenza para el peronismo que gobierne con 100% de inflación: le da la espalda a su base de representación, a los trabajadores, a los que tienen un salario, a las jubilaciones. En 2015, la jubilación mínima compraba alrededor de 55 a 60 kilos de asado. Hoy compra 33 kilos. Todo eso es inflación que ha ido creciendo: a finales de 2015, era de 25 puntos; a finales del gobierno de Macri, de 50 puntos y hoy estamos en 100 puntos de inflación. Hay que resolver el tema de la inflación y se resuelve con un plan de estabilización. No hay ni controles de precios mágicos ni una ley de intangibilidad de los depósitos, como hubo en su momento, que lo resuelva. No alcanza con decir “mañana no hay más inflación”. La inflación es un problema macroeconómico serio que requiere la coordinación de un montón de decisiones por parte de quienes conducen la economía.

Inflación: ¿parte del ADN de la Argentina o del kirchnerismo?

-Usted dice que la inflación es un problema inscripto en el ADN de la Argentina. ¿Está en el ADN de la Argentina o está sobre todo en el ADN de la matriz conceptual económica del kirchnerismo y del peronismo, el partido que ha gobernado más tiempo a la Argentina en los últimos cuarenta años?

-Desde 2011 a la fecha, la Argentina no crece, o sea, estamos estancados. No creamos empleo genuino en blanco y de calidad. Todo el empleo que se genera es empleo público, monotributistas, informal. Y tenemos un serio problema con la inflación, que ha ido escalando. Hay que encarar este problema con mucha firmeza y convicción. Quienes dicen que es solamente un problema de control de precios y de controlar a los empresarios están equivocados.

-La vicepresidenta, por ejemplo. El cristinismo.

-Exacto. Seguramente hay cosas para mejorar en cuanto a competitividad y acceso a los mercados, no hay dudas de eso. Cuando éramos diputados, tratamos un proyecto de ley que envió el Poder Ejecutivo con eje en defensa de la competencia y modernización de todos esos aspectos. Ahora bien, el problema de la inflación es macroeconómico y se necesita un plan de estabilización.

-¿Macroeconómico quiere decir de emisión?

-Es decir, de mucha disciplina fiscal, de mucha disciplina monetaria y de mucha institucionalidad monetaria, consecuente de las disciplina fiscal. Para bajar la inflación, hay que tener un plan de estabilización que tiene que comprender tres cosas centrales. Primero, un ancla. ¿Qué ancla usar? En los ‘80, Estados Unidos e Inglaterra tenían inflación y usaron como ancla el salario. En la Argentina, en todos los planes de estabilización se usa típicamente el dólar. Pero para estabilizar el dólar y para fijarlo por un tiempo prudente y poder ordenar los precios, se necesita tener dólares en el Banco Central o que entren dólares, es decir, generar condiciones de confianza. Hoy, con un riesgo país arriba de 2 mil puntos es muy difícil.

-Habría que sincerar el precio de ese dólar que está por debajo pero para sostener esa decisión, sin generar consecuencias muy críticas, hay que tener dólares en el Banco Central.

-Hay que tener dólares en el Banco Central para poder defenderlo. Hace pocos días, el ministro (Sergio) Massa tomó la decisión de aumentar el precio del dólar soja y hubo liquidación, lo que demuestra que hay un problema con el precio, que la señal del precio no está en el lugar indicado. Entonces, por un lado, se necesitan dólares. Y se necesita contener las tarifas y los salarios. Cuando los salarios y las tarifas están tan atrasados, hacer un plan de estabilización es mucho más complejo. Hay que estar convencido de la necesidad de tener disciplina fiscal y del consiguiente control monetario porque si no hay disciplina fiscal, emitís y la emisión genera movimientos en el tipo de cambio y los precios están todo el tiempo moviéndose. Los tres grandes precios que explican la inflación son cómo se mueve el dólar, cómo se mueven las tarifas, que están retrasadas pero se mueven, y los salarios. Si todo eso se está moviendo, no se puede estabilizar la economía.

La Argentina nestorista

-Usted data el problema de la Argentina de hoy en 2011. Sin embargo, la inflación empezó a ser otra vez un problema en la presidencia de Néstor Kirchner, en la transición desde la presidencia de Eduardo Duhalde, con Roberto Lavagna como ministro de Economía. Estaba contenida en unos 3 puntos cuando asumió y enseguida empezó a escalar. Es decir, el problema de la inflación está en el origen del kirchnerismo y su llegada al poder. ¿Por qué aún en una economía que era más próspera en términos de los precios internacionales de los commodities volvió a haber inflación? ¿Porque se volvió a emitir? ¿Qué pasó ahí?

-Sí, cuando el Estado y la institucionalidad monetaria están desequilibrados, es decir, cuando para asistir al Estado se recurre al Banco Central para emitir, cuando no hay equilibrio fiscal y están desordenadas las principales variables de precios institucionales, este tipo de cosas se multiplican. El período entre 2003 y 2008 o 2009, tuvo dos características centrales, estabilidad política bien liderada.

-Sí, autoridad presidencial recuperada.

-Sí, después de 2001, y eso ayuda mucho para la confianza y la estabilidad. Y el segundo punto, había dólares producto del precio de los commodities. Todo eso permitía tener un Banco Central con muchos dólares, superávit fiscal y superávit en la cuenta externa. Era una macroeconomía con una salud distinta. A partir de la pérdida de los superávit gemelos, de la imprudencia por parte del Estado…

-Del gobierno. Para asignar responsabilidades a los políticos.

-Sí, bueno. Acá hay una responsabilidad o de quienes gobernamos en algún momento o de quienes gobiernan puntualmente hoy y que tienen la responsabilidad de haber puesto la inflación en 100%. La inflación del último trimestre es equivalente a la inflación de todo el año 2015. Hay un tema importante: ¿por qué señalo el tema político? Porque todos los planes de estabilización que funcionan lo hacen en gobiernos nuevos, en gobiernos que se inician porque recuperan la confianza de la sociedad.

-La expectativa.

-Las expectativas. Fernando Henrique Cardoso decía que gobernar es explicar. El problema es que hay que convencer a la sociedad de que esto va en serio, de que si se va a hacer una reforma de la institucionalidad monetaria y de la Carta Orgánica del Banco Central, si se va a hacer un ordenamiento de las cuentas públicas para tener disciplina fiscal, esencial para un plan de estabilización, se necesita tener credibilidad política. Primero, hay que estar convencido para poder convencer a la sociedad, y no solo eso: hay que tener poder político, que es poder hacer, poder proponer a la sociedad y al Congreso y que el conjunto de la sociedad también asimile ese proceso.

Sobre todo cuando faltan dólares. Si no hay esa credibilidad en la gestión de gobierno, es muy difícil que los dólares empiecen a llegar.

-Fijate que tenemos un riesgo país superior al de Ucrania y la Argentina no está en guerra.

Economistas racionales versus la matriz económica kirchnerista

-Siempre me despierta muchísima curiosidad este contraste entre un economista con una postura muy racional en relación al funcionamiento de la economía, que podría coincidir con la racionalidad de los economistas más racionales de la oposición de Juntos por el Cambio, por ejemplo, y la pertenencia a una gestión de gobierno como la kirchnerista, en su caso en años muy claves entre 2009 y 2015 y en una de las grandes cajas de la Argentina, la de la Anses. Esa caja permitió concretar políticas públicas definitorias de esos años kirchneristas como planes sociales, Conectar Igualdad, pero aumentando el gasto del Estado. ¿Cuánto veía usted de ese sesgo por el uso político de la macroeconomía, que ahora analiza tan racionalmente, mientras estaba en una gestión de gobierno que ya en 2011, según usted sostiene, ya tenía problemas? ¿Cuánto veía de ese problema, si es que lo veía, y qué capacidad había dentro del gobierno de dar esa batalla conceptual?

-Hay dos planos. En el primer plano, cuando yo estuve en la Anses, fue superavitaria y ordenada, siempre con la perspectiva de que había que crecer y generar trabajo en blanco. Es insostenible un sistema de seguridad social si no se generan puestos de trabajo genuinos y en blanco, por más ecuación de Ley de Movilidad que haya. Hoy las jubilaciones están por el piso. Pero claramente siempre fue una preocupación cuidar las cuentas públicas y tener una mirada ordenada en ese sentido.

-Una preocupación suya pero no parecía una preocupación del gobierno.

-La Anses siempre tuvo normas de prudencia y cuidado en este tipo de cosas. Hay una gran discusión acerca de las moratorias, que fue pública. Yo participé de la segunda moratoria, no de la primera, y fue votada por unanimidad en el Congreso. El único que no la votó fue Lousteau pero no por una cuestión filosófica sino porque quería profundizar algunas cuestiones. Hay una necesidad de proteger a los adultos mayores, una necesidad que surge cuando se termina la vida laboral activa y se llega a una edad avanzada. El problema es cómo se financia, cómo se logra una economía que crece y que puede producir empleo genuino y de calidad. En ese punto, hay que pensar en nuevos pactos laborales, en modernidad laboral. La cantidad de trabajadores del sector privado que aporta al sistema de seguridad social es menor que cuando yo dejé la Anses en 2015, hace 7 u 8 años.

-¿Porque se han perdido puestos de trabajo?

-Porque no se generan puestos de trabajo de calidad. La Argentina no crece. La Argentina tiene un problema de anemia de crecimiento. Somos campeones mundiales en recesiones: tenemos más recesiones desde 1960 a la fecha que República Popular del Congo, que es el segundo. Tuvimos casi más años en recesión que en crecimiento. El problema del déficit fiscal es un problema serio y el conjunto de los argentinos y de las fuerzas políticas vamos a tener que hacer las autocríticas necesarias como para decir cómo resolvemos este tema porque si no, no vamos a poder resolver el tema de la inflación que daña a la clase media, a los sectores humildes, a los laburantes. Creer que esto se resuelve de guapo evidentemente no va.

Guerra contra la inflación

-¿Qué sería de guapo?

-Eso de controlemos a los empresarios.

-¿Lo que está haciendo el ministro de Economía Sergio Massa?

-No, yo a Sergio no lo veo ahí. Sus declaraciones no van en ese sentido. Sus declaraciones fueron en otra línea. Dijo: no creo en los controles de precio. Sí creo en los acuerdos y demás pero no en los controles de precio. Yo respeto mucho a Sergio, trabajé muchos años con él. Tomó una decisión y una responsabilidad importante en un momento crítico de la Argentina, con un ministro que se iba, con el tipo de cambio paralelo que estaba en cualquier valor, con mucho descontrol. Pero con este dispositivo y este diseño político es muy difícil que se logre implementar un cambio sustancial del régimen económico. Pero volviendo al tema, porque me parece sustancial la pregunta, la Argentina necesita ordenar sus cuentas públicas. Prudencia fiscal y disciplina fiscal es un ejercicio de toda la clase política. Se necesita ejemplaridad de la clase política y el esfuerzo de todo una comunidad para ver de qué manera lo hacemos sosteniendo la cohesión social.

La herencia de Cambiemos, ¿más liviana que pesada?

-Cambiemos, que dejó una inflación del 54% habiendo recibido a una del 25 o 30%, empezó a corregir el déficit fiscal y si iba acercando a un balance fiscal a fines de gobierno.

-Es así.

-Es decir, cuando se habla de responsabilidades de la clase política, pareciera que las responsabilidades están desbalanceadas. La gestión de Cambiemos dejó un problema grave de inflación pero al mismo tiempo dejó correcciones en tarifas, reservas, el precio del dólar, con un el peso que ya había sido devaluado. ¿Esas correcciones se desperdiciaron en esta gestión?

-Las correcciones macroeconómicas que recibió el gobierno de Alberto Fernández eran las correctas. Pero en los primeros tres meses, el gobierno de Alberto Fernández desaprovechó esas correcciones tarifarias, del déficit fiscal y demás para poder encauzar la economía de una manera distinta. Dilató la negociación de la deuda muchísimo tiempo. Después apareció la pandemia.

-Pero antes de la pandemia, en esos primeros tres meses, ya se vio una impronta que desaprovechaba esas correcciones.

-Esa etapa prequirúrgica de corrección tarifaria, del déficit fiscal, la corrección cambiaria y el ordenamiento de algunas cuestiones macroeconómicas le valió perder las elecciones a Macri. Con el nuevo gobierno, se renovaron las expectativas. Había que ordenar ciertas cuestiones de la deuda y quizás darle una impronta distinta. Evidentemente este gobierno no supo, no quiso, no pudo. Hay un problema de poder, y hoy lo estamos viendo a la luz de los hechos. En esta gestión, hay un diseño político en el que el poder del presidente, en un país presidencialista, no está donde tiene que estar. Eso dificulta la credibilidad de la sociedad.

-Esos tres meses iniciales son interesantes porque no hay excusas en relación a la pandemia y a la guerra, que sucederían más adelante. ¿El desaprovechar las correcciones macroeconómicas heredadas del gobierno de Cambiemos tiene que ver con una manera muy irracional de pensar la economía por parte de un sector del peronismo, representado en ese y este momento por el cristianismo más duro, por la vicepresidenta?

-Claramente. El peronismo tiene que pensar la economía del siglo XXI de una manera absolutamente distinta, mucho más moderna, con capacidad de hacer reformas y operar sobre la realidad. Bajar la inflación tiene que ser una prioridad. Y para bajar la inflación, está estudiado qué hay que hacer: lo hicieron los otros países. Lo hicieron con disciplina fiscal, con orden monetario, con Bancos Centrales independientes y autónomos, con capacidad de tener sus balances fuertes y de tener reservas, con un vínculo con los organismos internacionales. Casi todos los planes de estabilización estuvieron acompañados de préstamos de organismos internacionales para fortalecer las reservas. Tiene que haber mucha vocación de diálogo y de acuerdo con el sector privado y con los trabajadores para ir bajando los pisos de inflación. Ahora bien, sería soberbio de mi parte y de todos los que participaron de un gobierno, no importa el signo político, o de una legislatura decir que apretás un botón y se resuelven los problemas. Esto requiere de mucho volumen político, de buenas ideas, buenos diagnósticos, de no volver a cometer los errores que son siempre los mismos.

-¿Cuáles serían esos errores?

-La Argentina siempre termina en la lógica del déficit fiscal, el financiamiento externo y los problemas de deuda. Termina sin la capacidad de resolver temas de fondo que tienen que ver con aumentar la productividad. O termina tomando decisiones de shock sin vocación ni volumen políticos, cosas que sabés que hoy funcionan pero en tres años, no. Y la gente tiene que creer que esto va en serio, que va para siempre. En ese sentido, el peronismo, y yo lo hablo como un joven dirigente del peronismo, se tiene que renovar. Desde nuestra generación, queremos que el peronismo se renueve, que se renueven sus ideas y su método político y que efectivamente le podamos plantear un futuro a la sociedad. Hoy un laburante va a un banco y no puede sacar un crédito a 20 o 30 años.

La economía de los privilegios

-Se está dando una discusión en torno a cómo recortar el gasto público, por dónde hacer el ajuste: si eliminando los subsidios a la energía y actualizar los precios de las tarifas o si eliminar los planes sociales, que no han contenido la pobreza ni tampoco generaron transición hacia el empleo.Ahora se volvieron a instalar dos cuestiones. Una discusión en torno a los regímenes de promoción de ciertas provincias, como Tierra del Fuego, con exenciones impositivas como la devolución del IVA. La semana pasada la Coalición Cívica planteó un proyecto de anulación gradual de ese régimen. Los números son preocupantes.

-Más o menos, para que te des una idea, en el último presupuesto los gastos tributarios, es decir, los recursos que el Estado deja de recibir por regímenes de promoción son alrededor de 5 puntos del PBI, que no necesariamente es todo Tierra del Fuego.

-En 2023, Tierra del Fuego, el gasto tributario va a ser de 290 mil millones de pesos, un 0,36% del PBI y en 2023, serían de acuerdo con el presupuesto que está llevando Massa al Congreso, serían 519 mil millones, es decir, el 0.35 del PBI, todo para beneficiar a una salarial de esa provincia de 11 mil trabajadores cuando en realidad esas empresas sólo están gastando 39 mil millones de pesos en salarios, o sea, sólo el 13% del gasto tributario que ese régimen genera. ¿Quién se está beneficiando?

– Vamos por partes. La primera es tener disciplina fiscal tanto del punto de vista de los ingresos como del gasto. Hay muchas cuestiones que el Estado debería cobrar y que deja de cobrar, gastos tributarios, y otras cuestiones que debería trabajar como la eficiencia tributaria, mejores impuestos y cosas que el sistema impositivo no permite que se paguen. Cada vez vemos más economía informal, que se ve sobre todo en el trabajo: ni al laburante le conviene y prefiere estar en formas laborales fuera del esquema de la seguridad social. El segundo punto es que la cantidad de impuestos que cobra la Argentina es alta por la calidad de los servicios públicos que estamos brindando, educación, salud, seguridad y el servicio público que brinda el Estado y los gobiernos. La presión impositiva es alta. Tenemos que trabajar seriamente en pensar cómo teniendo disciplina fiscal, ordenamos la cuestión impositiva. Si las tarifas están rezagadas y hay déficits, siempre vamos a tener inflación. Es un tema que hay que resolver. A finales del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, el porcentaje que pagaba la tarifa representaban el 25% de la boleta de luz; con Macri llegaron al 65%. El resto eran subsidios. Y hoy está de nuevo en 30%. Eso hay que corregirlo porque distorsiona el Estado y la posibilidad de inversión en energía. Finalmente, aparece el tema de los programas sociales: claramente hay una etapa agotada. Cuando nació la Asignación Universal por Hijo, que nace cuando yo era director ejecutivo de la Anses, era un capítulo de los trabajadores informales y era una cuestión transitoria. Había que resolver el trabajo en negro. Todo eso llegó para quedarse, se solidificaron y se agregó una maraña de planes que efectivamente no resuelven la pobreza. La pobreza se resuelve con crecimiento, con empleo y con mayor ingreso.

-En relación a estas vías que usted ve para mejorar los ingresos del Estado y la eficiencia del gasto, el caso de los regímenes de exenciones impositivas como Tierra del Fuego muestra las distintas responsabilidades que hay, de los gobiernos provinciales, de los gobiernos nacionales y también del empresariado que está buscando privilegios y prebendas no para beneficiar a la masa de los trabajadores o al ingreso de una provincia o a los consumidores sino para beneficiar sus propias arcas: esta brecha entre lo que el Estado pierde en términos de gasto tributario por ese régimen y lo que los empleadores están pagando en términos de salario, es enorme. ¿Qué pasa con todo ese dinero que el Estado está poniendo, no llega a los trabajadores y afecta al precio alto al que los consumidores acceden a esos bienes, por ejemplo, computadoras y celulares?

-Hay un montón de regímenes de privilegio. Algunos ya caducaron como San Juan, La Rioja y San Luis. Otros siguen vigentes. Hay regímenes de promoción en materia industrial, en materia de tasas de interés que se desconocen, en materia de aportes a la seguridad social. Había un decreto que se derogó en la época del gobierno de Macri, el 811 de Cavallo, que era un régimen diferencial de aportes y contribuciones y grandes empresas del norte argentino pagaban lo mismo que pequeñas empresas. Está el régimen de Tierra de Fuego que parece el más llamativo. Nació con una necesidad estratégica de la Argentina, de poblar la Patagonia. Era entendible pero hoy hay otras actividades y otros recursos. Hay un tema no menor que es el régimen de Manaos, en Brasil, de características muy similares al de Tierra del Fuego. Si no existiera el régimen de Tierra del Fuego, generaría un problema de competitividad en la Argentina porque Brasil sí decidió tener un régimen en una zona como Manaos para poder producir este tipo de cosas que se producen en Asia. El tema es decididamente complejo; no es que apretás un botón y decís esta gente se queda sin trabajo. Se requiere de un diseño de una política pública para que los privilegios no entorpezcan la necesidad de darle orden y desarrollo a una economía y que la gente te crea. Porque si se está pidiendo un esfuerzo y disciplina fiscal y hay privilegios por otro lado, es muy difícil consolidar esa credibilidad. Esos privilegios como los privilegios de las cajas previsionales provinciales en donde hay jubilados estatales que tienen unos sueldos enormes, insostenibles para la Argentina, son cosas que hay que poner sobre la mesa y hay que discutirlas. Muchas veces esos privilegios no están asociados a la política sino a lógicas estatales lógicas, prebendas empresariales y clientelares que están enquistadas hace años. Siempre se cargan las tintas en la política pero te puedo asegurar que muchas veces es más con lógica estatales mucho más perversas que las privadas, que no necesariamente ayudan a que el servicio de los bienes públicos funcione como corresponde. Hay que discutir estas cosas con profundidad. Yo lo hice en la Cámara de Diputados. Hay que ponerse los zapatos del gobernador del Tierra de Fuego que tiene miles de trabajadores industriales, que tiene que darles una salida, que están ahí y tienen su casas. Hay una decisión estratégica en un momento del Estado pero hay que hacer bien los números y ver que sea conveniente para el conjunto de los argentinos. Si en el Mercosur hay otras regiones que tienen características similares, hay que pensarlo integralmente.

La Argentina 2023. ¿Más riesgos que tensa calma?

-A este gobierno le queda por delante un año y dos meses de una gestión muy desafiante, con enorme cantidad de obstáculos. ¿Cree que el modo en que se está manejando la economía dado las restricciones políticas de la coalición gobernante permite atravesar este año, que empieza a avanzar ya hacia un proceso electoral, con una relativa tensa calma?

-No me gusta nunca presagiar catástrofes. El senador nacional radical Baglini, muy amigo, me decía: “Diego, nunca presagies catástrofes”.

-¿Pero lo que está haciendo el ministerio de Economía va a lograr contener variables tan críticas?

-No va a haber un proceso hiperiflacionario en la Argentina. El déficit está controlado, no tiene los niveles de déficit de inicio de los ‘80. Alfonsín recibió el gobierno de los militares con 15 puntos de déficit fiscal. Ahora bien, este escenario no va a generar una economía virtuosa de crecimiento, de baja inflación, de aumento de la productividad, de un shock exportador. Hay un escenario de alta inflación, de dificultades serias para aplicar un plan de estabilización que reduzca fuertemente la inflación, de dificultades para tener disciplina fiscal, un Banco Central que tiene por delante una deuda cuasi fiscal importante y que tiene que renovar su confianza con quienes tienen esa deuda. Por delante, hay un proceso complejo con la sequía, que implicará tener menos dólares y hace más desafiante la economía. Un mundo complicado en donde China por primera vez va a crecer al 3%. Las tasas chinas siempre eran 7, 8, 9 %. Alemania, en crisis por la cuestión energética. Estados Unidos, con dos semestres consecutivos de crisis, con aumento de la tasa de interés. Hay un escenario complejo pero yo tengo mucha esperanza con respecto a la Argentina. La Argentina tiene cuestiones de dónde aferrarse. Una industria que en muchos aspectos es muy competitiva y tiene capacidad de competir en el mundo. Vaca Muerta es un yacimiento de escala mundial en extensión y en productividad. El litio: hay que discutir la minería seriamente en la Argentina. Hay siete provincias que tienen prohibidas la minería. Nosotros exportamos el 10% de lo que exporta Chile con la misma cordillera. Discutamos las cuestiones ambientales pero con seriedad, dándole sostenibilidad a la Argentina. La economía del conocimiento, el talento que hay en la Argentina. Sí hay un gran desafío en cómo generar trabajo en los grandes conurbanos. Tenemos que pensar seriamente cómo generar trabajo genuino de calidad. Hay que trabajar mucho con todas las fuerzas políticas. El problema es político. En la medida en que no se ordene la política, en que no haya estabilidad y capacidad de convocar al resto, conversar y dialogar como método político y avanzar en un criterio, va a ser muy difícil que resolvamos los problemas estructurales.

Con un punto de vista racional

 Formación. Licenciado en Economía por la UBA. Cursó la maestría de Economía en la Universidad de San Andrés.

▪ Consultoría. Es socio fundador de la consultora Equilibra.

▪ Función pública. Fue director ejecutivo de la Anses entre 2009 y 2015 y diputado nacional entre 2015 y 2019. También dirigió el Banco Hipotecario y el Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE).

Por Luciana Vázquez-La Nación