Carta abierta a mis compañerxs de lucha de siempre y ahora
“El peronismo va en camino de convertirse en el rostro amable del Partido del Ajuste”.
Daniel Tognetti
en AM 530, la Radio de las Madres.
Ante un acelerado proceso de destrucción nacional, en un país con el Pacto Federal roto y en plena balcanización, con mis muertxs más amadxs caídxs en las gestas del peronismo revolucionario, harto de las sucesivas defecciones – o lisa y llanamente traiciones – de su dirigencia, y leal a su legado más transformador, me veo compelido a publicar estas reflexiones, tan acuciantes como sinceras, para pensar en común con eventuales lectorxs.
La generación de mis padres fue hija del 17 de octubre de 1945. La mía lo fue del Cordobazo de 1969. Si algo aportó esa gesta mayormente clasista y antiburocrática al peronismo originario fue la demostración palmaria de que alpargatas y libros no constituye una contradicción insalvable. Y fue su magma la confluencia entre marxismo y peronismo revolucionarios, matrimonio ideológico que desde entonces celebró numerosos enlaces, divorcios, y reconciliaciones.
Una primera referencia para mis coetáneos fue el legendario debate público que tuvo lugar en 1971 entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT-ERP) sobre la vía hacia el socialismo en Argentina. Dicho debate se centró en dos ejes: El rol del peronismo y el recurso del marxismo. Las FAR sostenían que la clase trabajadora argentina era profundamente peronista, por lo que la revolución debía hacerse radicalizando al movimiento peronista, mientras que el PRT-ERP, de línea marxista-leninista clásica, rechazaba al peronismo considerándolo un movimiento burgués y reformista, y proponía la lucha directa por el socialismo bajo una dirección de vanguardia obrera independiente.En tal circunstancia, para las FAR, el marxismo era un método de análisis, mientras que el peronismo debía ser la identidad política. El PRT criticó esto argumentando que el marxismo debía ser una bandera política universal e innegociable.
Hacia el 15 de agosto de 1972, la planificación y fuga del penal de Rawson protagonizada por 25 revolucionarixs que respondían a aquellas visiones contribuyó a estrechar el vínculo entre ambas tradiciones, en la medida en que el objetivo común era la liberación nacional y la construcción de una patria socialista. Ese intento de evasión, que tuvo lugar durante la dictadura del Gral. Alejandro Agustín Lanusse, unificó a militantes del ERP, FAR y Montoneros, demostrando una capacidad táctica conjunta. El plan original consistía en liberar a más de un centenar de presos políticos, secuestrar un avión comercial en el cercano aeropuerto de Trelew, y escapar hacia el Chile socialista de Salvador Allende, procurando refugio para continuar la lucha. Aquellxs combatientes intentaban desafiar abiertamente al régimen militar vigente, exponiendo su mensaje político y sus ideales ante la opinión pública. El desenlace de esa gesta marcó profundamente la historia argentina. Tras un fallo logístico, solo seis líderes guerrilleros pudieron despegar hacia Chile. El resto (19 militantes) quedó varado en el aeropuerto y se entregó a las fuerzas militares bajo la condición de que se respetaran sus vidas. Sin embargo, una semana después (el 22 de agosto), 16 de ellos fueron fusilados en la Base Aeronaval Almirante Zar, en el trágico episodio conocido como la Masacre de Trelew. Solo 3 sobrevivieron, y pudieron dar testimonio al respecto. Cabe destacar que, más adelante, los tres cayeron en combate contra la siguiente dictadura, comandada por el Gral. Jorge Rafael Videla.
Promediando el primer año de ese último régimen de facto tuvo lugar un intento de limar diferencias integrando una orgánica revolucionaria común. Se trató de la Organización para la Liberación de la Argentina (OLA), fallido frente político-militar de resistencia fundado por la organización peronista Montoneros, el grupo marxista ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), y la Organización Comunista Poder Obrero (OCPO) Su objetivo era coordinar tácticas políticas y militares contra la dictadura. Inspirada en la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), buscaba superar las diferencias ideológicas entre peronistas y marxistas revolucionarios para unificar la oposición armada. El proyecto se frustró pocos meses después de su creación debido a la fuerte represión del régimen militar, especialmente tras la caída del máximo líder del ERP, Mario Roberto Santucho, en julio de 1976.
Pero la idea quedó latente, y su propósito nunca fue descartado.
Casi medio siglo después, desde la última orgánica piquetera fundada por el ex comandante montonero Roberto Cirilo Perdía, en tanto nacionalistas revolucionarios críticos de la burocracia sindical cegetista, nos impusimos llegar a la generación sub 50 de su sindicalismo, celebrando reuniones con algunos de sus exponentes, intercambio del que nació el proyecto de fundar un Instituto de Estudio y Formación para la nueva clase trabajadora que, a propuesta de Perdía, estaría coordinado por uno de los máximos exponentes vivos del pensamiento crítico argentino, digno de su extrema confianza.
Quien escribe estas líneas tuvo a su cargo trasladarle aquella iniciativa a su destinatario. Pero el vertiginoso cambio de escenario nacional jugó en contra de llevarla a buen puerto.
No obstante, en la única charla que tuvo lugar a dicho fin, aquel amigo de Roberto manifestó haber militado en la OCPO y participado del fallido intento de concretar la OLA.
Para más dato, la OCPO fue una organización político-militar de izquierda marxista que actuó en Argentina desde 1975 como resultado de la fusión de varias agrupaciones clasistas y llegó a ser una de las principales fuerzas insurgentes del país, detrás de Montoneros y el PRT-ERP. Se constituyó nacionalmente a partir de la fusión de diversos grupos regionales (de Buenos Aires, Córdoba, Rosario, La Plata y Mendoza) A diferencia de otras organizaciones, volcó sus mayores esfuerzos en el movimiento de masas y el sindicalismo combativo. Tuvo una participación activa en las luchas obreras de Córdoba, Villa Constitución y, principalmente, en las Coordinadoras de Gremios en Lucha de 1975. Sostenía la lucha armada como parte de una estrategia insurreccionalista. Para ello, impulsó grupos de autodefensa llamados Piquetes de Obreros Armados (POA) y desarrolló un brazo militar propio. Al igual que el resto de las organizaciones revolucionarias de izquierda y peronistas de la época, fue severamente diezmada y desarticulada tras el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 y la posterior represión de la dictadura militar que lo llevó a cabo.
Como se puede apreciar, la generación que protagonizó la última ofensiva estratégica del pueblo argentino contra sus opresores nunca renunció a un entendimiento entre el peronismo y la izquierda revolucionarios.
No obstante, hay que reconocer que muchxs peronistas, más animadxs por el macartismo que por el conocimiento histórico, acostumbran a recurrir al apelativo “trosko” como sinónimo de obtuso. O más bien digno de alguien dotado de una intransigencia sumamente ideologista y carente de muñeca política.
Hasta ahí, por ahora, las referencias más genéricas.
En lo personal, durante una breve estancia en Suecia, relacionado como estoy con el hecho bautizado por los Grupos de Tareas de la última dictadura como Noche de los Lápices, tuve la oportunidad de conocer al padre de Claudio de Acha, uno de los chicxs secuestradxs y asesinadxs en aquella circunstancia. Para mi sorpresa, el hombre resultó ser un trotskista que participó en reuniones clandestinas con mi padre – quien fuera el primer Comisionado Municipal justicialista de la Ciudad de La Plata -, para combatir contra la Revolución Libertadora.
Como tal vez sepan muchxs de lxs que conocen mi historia familiar, a la edad de 19 años, mi madre integró la delegación local de mujeres que acompañó a Evita en el Teatro Nacional Cervantes con motivo de anunciar la sanción del voto femenino.
La desaparición forzada de mi hermana la llevó a acercarse a Azucena Villaflor de Devincenzi e integrar el grupo fundador de Madres de Plaza de Mayo.
Tiempo después de la muerte de mi padre, ocurrida a mediados de 1980 como consecuencia de las torturas recibidas en el centro de detención clandestino “El Banco”, ya en vigencia del orden constitucional, y al cabo de uno de sus viajes al exterior como referente de la lucha por los derechos humanos, mi madre trabó amistad con un señor que no solo se fijó en ella como militante, sino que también la cortejó durante un tiempo.
Aquella indoblegable guerrera me habilitó a participar de una cena con él celebrada en mi casa natal – seis veces allanada por distintas dictaduras -, acaso como testigo destinado a brindar alguna opinión sobre ese vínculo potencial.
El hombre había fundado junto a Jorge Villarán la conducción el Partido Obrero Marxista Revolucionario, fuerza política trotskista de Perú creada en 1970 a partir de una fracción disidente de Vanguardia Revolucionaria. Es más, fue su secretario general. El POMR se presentó a las elecciones generales de 1980 en las listas del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y nuestro amigo fue elegido senador. El 7 de marzo de 1982, la facción mayoritaria del POMR se fusionó con el Partido Socialista de los Trabajadores.
Tiempo después, fiel a sus convicciones, la mujer que me engendró dejó de verlo, y me contó que lo despidió diciendo “nunca vas a entender al peronismo, y nunca me vas a alejar de él”.
En agosto de 2025, Ricardo Napuri, la persona a que he venido haciendo referencia, cumplió un siglo de vida como militante de la lucha revolucionaria en Nuestra América. Fue discípulo de Silvio Frondizi, militó con el Che Guevara, Salvador Allende, Vargas Llosa (en su etapa izquierdista) y John William Cooke, entre otros. Fue deportado siete veces de cuatro países, diputado constituyente, y reside en un geriátrico de Lanús.
Recapitulando, pese a que muchxs amigxs queridxs impugnan mi reciente costumbre de enarbolar el puño en las fotos – porque lo considero un gesto más amenazante y menos exitista que la “ve de la victoria” -, en la coyuntura que enfrentamos lxs argentinxs me propongo revisar la actitud que oportunamente asumió aquella enorme compañera de lucha que fue mi madre.
En apuntes anteriores he manifestado que “la novedad a destacar en medio de semejante escenario es la de una izquierda consecuente que, al cabo de muchos años de tensionar su postura con tradiciones de lucha nacional/populares, en un marco de prestigio ascendente, convoca al pueblo a que la bronca se transforme en lucha y el apoyo en una nueva herramienta política (…) Cualquiera que preste atención a nuestras editoriales advertirá que parten de una perspectiva nacional, popular y revolucionaria, y que la mayor afinidad que tenemos con la izquierda estriba en recurrir al materialismo dialéctico para analizar la Historia, y a profesar una profunda admiración por la gesta y la prédica del Che.
Sin embargo, hartos como estamos del capitalismo – un sistema invariablemente enemigo de la vida -, de la institucionalidad burguesa, y de su inconducente paliativo electoral, debemos reconocer que resulta bastante inédito que, ante una crisis de representación sin precedentes, desde la izquierda aparezca un planteo que invita a propiciar ‘un Cordobazo del Siglo XXI’ en pos de ‘un Nuevo Movimiento Histórico’, aboga por una Asamblea Constituyente capaz de reemplazar a los vetustos partidos políticos del sistema, y declara que no aspira a conquistar solo el gobierno sino también el poder.
Pues a esa música la hemos tarareado. Y nos merece la máxima atención. Como toda iniciativa que convoque a ejercer una democracia de base para que gobierne el soberano”.
En algún momento de la historia el peronismo ha traccionado a ciertas izquierdas. ¿Puede que en este contexto vaya a ocurrir a la inversa? Está por verse.
En cualquier caso, si a partir de esta lectura alguien entiende que quien firma al pie está dispuesto a entregar “la caja negra del avión” (Evita, Gatica, Discépolo, Marechal, Favio, Oesterheld, Maradona, el Papa Francisco), debo decir que no ha interpretado una sola línea de lo expuesto.
En rigor de verdad, ignoro si para ensayar esa novedosa confluencia ha llegado el momento de decir “ES AHORA”… Pero, en caso de entenderlo factible sin dilución de las identidades en juego, todo parecería indicar que el avanzado proceso de demolición de la Argentina exige no darse el lujo de dudar por tiempo indeterminado.
Más aún cuando huelga consensuar una agenda común capaz de dar respuesta a una sociedad adonde el salario ha dejado de ser el gran organizador social, y germina una generación alfabetizada por algoritmos.
En resumidas cuentas, fiel a una costumbre que profeso desde siempre, hasta aquí no he intentado otra cosa que “dudar en voz alta”, para compartir estos dilemas sin culpa alguna. Y con la más humilde de las franquezas.-
A 57 años del Cordobazo.
Por Jorge Falcone-La Gomera de David

