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Cuánto alcanza la empatía

El precandidato radical convulsionó como pocas veces la ya agitada interna de Juntos por el Cambio. Qué busca y qué necesita.

Tomar decisiones políticas siempre implica bastante dosis de lotería en sus resultados. Por más análisis racional que se haga, por más inside information que uno recoja, porque mucho ejercicio de prospectiva, nunca se sabe porque el espectro de factores incontrolables es enorme. Lo que tratamos es de reducir la incertidumbre y abusar de nuestro “ojo de buen cubero”. Más aun en las decisiones estratégicas, el consultor siempre trata que el cliente tenga claras cuatro cosas:

1) Cuál es el objetivo que persigue.

2) La solidez de los principales supuestos sobre los que se basa.

3) Todas las implicancias que esconde la decisión.

4) Cuál es el plan B si las cosas no salen como lo esperado.

El leading case de la semana fue sin dudas las declaraciones de Facundo Manes sobre Mauricio Macri. Partamos de una base de amplia coincidencia en los estudios:

a) Manes posee una imagen positiva a nivel nacional y un aceptable nivel de conocimiento, pero le falta aún profundidad en términos cualitativos.

b) Sistemáticamente viene corriendo detrás de Macri, Larreta y Bullrich.

En segundo término, la política argentina fichó el año pasado dos outsiders: Manes (el in) y Milei (el out). Dos no contaminados con la política, dos que construyeron su prestigio fuera del lodo terrenal. La gran diferencia: el in apuesta claramente a oxigenar el statu quo, y el out lo defenestra.

Dos posicionamientos distintos implican dos estrategias diferentes, partiendo de una cuestión de estilos personales: el atildado y el revulsivo, el empático y el gritón. La estrategia siempre es un traje a medida y depende de lo que marquen las grandes coordenadas de la opinión pública. No hay respuesta universal certera. El o la que diga lo contrario, le miente a su cliente/a.

Ventajas del in: lo estatuido ya lo ubica en una cuadrante, parte del electorado lo puede digerir más fácil, lo arropa y lo ve acompañado, no siempre bien, pero la deducción popular es que un partido centenario tiene cuadros, técnicos, gerentes del poder, vínculos, etc. Lo negativo es que el sistema lo pasteuriza, lo domestica y le pone un techo.

Ventajas del out: es libre como el cielo y como el mar, un animal salvaje no domesticable, no tiene que rendirle cuentas a nadie, no tiene que consensuar con ninguna mesa, no tiene techo. Lo negativo, es que no tiene “palenque ande ir a rascarse”, diría el Martín Fierro; es decir, estructura de contención que modere posibles errores. Todos los costos los paga la figura central, así como recibe todos los beneficios.

Dificultades. En ese marco, ¿cuáles son los problemas estratégicos de Manes?

1) Necesita diferenciarse del statu quo, pero no puede hacerlo tan libre y desenfadadamente como Milei. Toda la evidencia empírica indica que el libertario entró en una segunda fase expansiva más sólida por su regulación del nivel de exposición, la explosión inflacionaria y los desaguisados de Juntos por el Cambio.

2) En los grupos focales aparece la cuestión de “me gusta, pero no sé, está ahí metido con Macri, que me defraudó”.

3) “Es muy inteligente, pero ¿podrá? ¿lo dejarán?”, lo cual implica una observación profunda sobre la relación entre la sociedad y el poder.

Por razones de aculturación profesional, los outsiders tienden a la jugada individual, separada del resto. Esto puede contribuir con el posicionamiento en la opinión pública, pero salvo los casos de fenómenos sociales fuera de matriz –como Menem, Raúl Alfonsín o CFK– tarde o temprano hay que conducir a un colectivo político, si se pretende ser líder, además de candidato.

El neurólogo ya se desmarcó del pedido de juicio político al Presidente que hizo todo su bloque, menos él. Eso ya le valió reprimendas internas y gente que tomó distancia. Ahora ya le valió un “correctivo” por parte de la conducción del radicalismo nacional. El que tuvo que salir a defenderlo es su territorio bonaerense (“al chancho hay que pegarle hasta que grite para que salga el dueño”).  

Acá entran en juego los factores 2 y 3 mencionados casi al principio de la nota: los supuestos y las implicancias. ¿Manes midió el ruido que iba a hacer adentro de la coalición y cómo eso lo obligaría a Morales a promover un llamado de atención público? ¿Cree que el radicalismo se le va a entregar mansamente a trabajar por él en las PASO solo porque es la única alternativa para enfrentar al PRO? La UCR es menos verticalista y por eso más caótica a la hora de ordenar internamente bajo el deporte preferido de las pujas internas. Perón solía decir algo así como “yo no sé nada de política, yo solo sé de conducción”. Para candidato sin conducción sobre el propio espacio ya tenemos el ejemplo de Alberto. Complejo.

Preguntas. ¿Manes no encontró otra manera de transmitir que él no tiene nada que ver con Macri? ¿Podría haber elegido otra beta de ataque no sean cosas judicializables? ¿O a sabiendas de todas esas implicancias, de todos modos atacó porque parte de otros supuestos de proyección de escenarios? ¿Cree que la Argentina se va a terminar partiendo en tres, con un cristinismo radicalizado hacia la izquierda, un macrismo / PRO corrido a la derecha con Milei, y un centro moderado que contenga a los que alguna vez denominamos aquí “el espíritu asado en la casa de Urtubey”? ¿Qué tan probable es que se rompa el Frente de Todos y que su gran antagonista actúe en espejo y también se quiebre? ¿Y las fichas quedarán ordenadas en esos tres grupos más o menos sin dolor de parto? ¿Y si todo eso no funcionase así, so what?

Dicho todo esto, “empatía” es un buen concepto ya que alude a un “te abrazo y te quiero dar esperanzas porque estás golpeado, desahuciado, agobiado, angustiado”, un mensaje que no le cabe habitualmente a la dirigencia política, más preocupada en calzarse los guantes de box. La palabra empatía es de origen griego “empátheia” que significa “emocionado”. No es el agresivo Milei, ni el ya demasiado politizado Macri, ni el descafeinado Larreta. Lo que no queda claro es si más allá de la conexión, eso alcanza para una pelea presidencial.

Por Carlos Fara – Perfil