El actor en una entrevista con Alejandra Canosa para 3Días se quejó de la marcha del país y asegura que el macrismo y el kirchnerismo son "las dos caras de la misma moneda" y le apunta a la grieta. Además de elevar su queja por la situación económica, por la que responsabiliza al Gobierno, confiesa que la ex administración K lo decepcionó cuando mostró su "insensibilidad" tras la tragedia de Once.
En sus comienzos, Belloso trabajó en el Underground con el grupo Los Melli, junto a Damián Dreizi; luego, fue Guillermo Marmotta "alias Willy", un reo capo cárcel en la miniserie Tumberos; Donatello, un sordomudo en Culpables; Quique, en Sos mi vida, y "El Vasquito", en Campeones, entre tantas otras interpretaciones destacadas en cine y teatro.
Para arrancar con el tema de la obra, ¿qué valor le das al dinero?
-Siempre tengo miedo de quedarme sin dinero y eso te lo genera el oficio del actor, que te enseña a reinventarte y buscar trabajo continuamente, donde muchas veces sos un freelance. Hice la obra Le Prenom durante cuatro años con éxito y, en ese caso, junté dinero y traté de balancear. Ahorro cuando puedo, lo invierto en viajes, regalos para mis hijos o para mí, esa es una manera para despejar un poco la cabeza. No acepto sobrecargarme de trabajo porque después tengo que invertir el dinero en un psiquiatra, no lo hago más.
¿Sos de los que está pendiente de la cotización del dólar?
-No, en eso soy nulo. En general, estoy conectado con temas de economía política, porque hace un tiempo se politizó mucho todo. Siempre tuve visión respecto de ese tema, pero si quiero algo puntual y no me lo puedo comprar, tampoco me vuelvo loco. Honestamente no corro detrás del dólar, no siempre ahorro en esa moneda. Lo cierto es que para el pueblo sigue habiendo inflación y el común de la gente vive al día.
¿Cómo creés que reaccionaría un político frente al planteo de la obra?
-Lo que pasa es que la obra tiene tres grandes vectores que son lo psicológico, lo económico y lo coyuntural. Un matrimonio al que le va mal, donde cualquier pareja se vería reflejada, el millonario que tiene respaldo económico y, al mismo tiempo, manipula porque tiene el poder, eso refleja la realidad y la coyuntura a la que nos sometemos socialmente. Si el político es de los que realmente trabaja para el pueblo, verá un corte transversal a lo que sucede actualmente en este país. Pero en un punto, el político también participa del juego que propone de la obra. La instancia de desesperación en la gente muchas veces lleva a actitudes non sanctas e ilegales.
¿Creés que un jubilado vive dignamente con la mínima?
-De ninguna manera. Tengo 54 años y me asusta pensar en ese momento porque con esa cifra sólo un mago podría solventar sus gastos. Lo estoy viviendo en carne propia con mis dos hermanos, ambos jubilados y no les alcanza, tienen que seguir trabajando y rebuscárselas. Los mecanismos jubilatorios son un desastre, el PAMI es realmente preocupante. Estamos atravesando un momento difícil y creo que a este paso, cualquiera podría llegar a gobernar en el futuro. La verdad es que no sé muy bien qué les pasa por la cabeza. Se tienen que poner las pilas para que nadie más esté ahorcado, ni los que menos tienen ni la clase media. Y que la pongan los que la tienen que poner.
¿Cómo te parás frente a la denominada grieta?
-Yo estoy viendo la política como una guerra en la que no me sumo. En una guerra siempre pierde la verdad o lo esencial, las prioridades. Basta de Boca o River. Por una guerra se puede llegar a mentir si te gusta o no una determinada fuerza política, solo para llevarle la contra a alguien que no piensa como vos. Cuando hay una guerra pierden todos y es lo que nos está pasando como sociedad.
¿Qué lectura hacés del panorama social de la Argentina?
-Veo a la gente muy molesta, intolerante, con sensación de que algo va a explotar y no sabés bien cómo ni por qué. La gente está muy cansada de la inoperancia, como que no terminan de arrancar en un país que tiene todo para crecer. La gente se ve estafada en su buena fe, en su moral, entonces hay cosas que cuestan mucho, es el cuento de nunca acabar. Yo siempre digo que en este país, aunque te vaya bien, te va mal. Cuando a vos te va relativamente bien y ves a tu alrededor que la gente está mal, que la cosa no destraba, te frustra.
¿Le ponés fichas a Macri?
-Creo que es más de lo mismo, son las dos caras de la misma moneda. La grieta fomentó eso, sin uno no está el otro, y nos van arrastrando según les pinte. Con Macri llevamos dos años de ajustar el cinturón sin saber hasta cuándo, es muy desgastante. Y del otro lado, hay un montón de cosas, como la tragedia de Once, que fue para mí un antes y un después. Con el primer kirchnerismo yo tenía una postura que se modificó después de esta tragedia, por la falta de sensibilidad con esa gente. La corrupción mata, los que tendrían que ir presos están dudando si entran o no a la cárcel. Nos la pasamos negociando en la Justicia, que se amolda como se le da la gana. Acá, si no sos de un lado o del otro, te ignoran, no te escuchan... es difícil este país.

