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Cambiemos se consolida: el fin del relato de los setenta Por Fernando León

La derrota del pensamiento único es oficial. Ya no es la suerte de una victoria por dos o tres puntos en un ballotage, ya no es el resultado de un pase de facturas entre fracciones del peronismo, ya no es consecuencia de una hábil maniobra publicitaria o un simple golpe de suerte del rejunte opositor de los años kirchneristas. Una masa crítica, la masa infiel que suele marcar la diferencia entre el voto peronista y el antiperonista –la misma que facilitó el triunfo de CFK en 2011- se alzó por encima de las discusiones estériles a un lado u otro de la grieta y oficializó el cambio.

La mayor derrotada, pese a los números y a la banca de senadora, es Cristina. Esa era la pelea de fondo y ella lo sabía. Ganar era apenas sobrevivir de cara al 2019 pero ahora se sabe que el peronismo -a menos que el actual presidente cometa demasiados errores no forzados- sólo tiene una chance de volver al poder: depurando sus filas de un kirchnerismo que ya ha quedado atrás en la historia y no volverá a ser refrendado en las urnas. Esto excede a Macri, y por eso sorprende a algunos, que creen ver en este triunfo un cheque en blanco a la política económica de Cambiemos o un apoyo rotundo a la nueva gestión. Aquí solo hay una única decisión rotunda: no volver atrás. Todo lo demás está por verse.

Las lecturas, se sabe, pueden ser múltiples, pero algunas son más legibles que otras, y la que proponemos parece estar llena de sentido en tiempos difíciles que no le dan la razón a nadie. Estamos ante el momento más largamente anunciado de la política argentina. Un sueño que nació el mismo año en el que Néstor Kirchner llega al poder: 2003. En ese año alguien deslizó que al flamente presidente sólo le quedaba un año de gobierno. Sobre este eterno diagnóstico a futuro, nunca confirmado, se escribieron libros que hoy pueblan las mesas de oferta en calle Corrientes: profecías fallidas que hoy, aunque un poco tarde, se vuelven todas realidad. Cayó por fin el relato único que en algún momento llegó a arrinconar a la oposición. Cayó por fin el relato que sedujo a muchos intelectuales como un supuesto modelo para aquella Europa que vacilaba ante la crisis griega. Un relato que le llevaba la contra a toda la lógica de las sociedades desarrolladas para abrazarse efusivamente con el populismo de Chavez, que estigmatizaba todos y cada uno de los aportes de la Argentina del centenario y que llegó a poner a Sarmiento y a Colón en el pelotón de fusilamiento del revisionismo histórico, mientras presentaba a los trágicos 70 como un camino viable ante un mundo que viaja a velocidades exponenciales hacia un futuro infinitamente más complejo al de diez o quince años atrás.

Ese intento de resucitar el relato setentista en tiempo presente fue el recurso final -el pecado final- que reeditó por enésima vez un leit motiv obsesivo y peligroso del kircherismo. La muerte de Santiago Maldonado, sin embargo, pese a conmover a la sociedad de modo trasversal, no influyó, para sorpresa de todos, en el resultado de la elección. Alguien parafraseó una vieja frase de la política argentina en las redes, con algo de cinismo pero cierto atisbo de lógica: “hay que dejar de robar con los 70 por dos años”.

Las elecciones de medio término en el 2017 que se celebraron ayer serán recordadas como la confirmación de dos cosas importantísimas para el futuro inmediato de nuestro país: la primera de ellas es el nacimiento de una nueva fuerza política que aglutina a los sectores no peronistas del país. La fuerza que muchos esperaban desde el colapso de la UCR en 2001. El segundo gran acontecimiento es el declive definitivo de la obstinación kirchnerista y un llamado de atención para todo el peronismo que es al mismo tiempo un escarmiento y un desafío: habrá que encontrar una nueva fórmula, un nuevo avatar que logre reconquistar a la clase media sin renunciar al caudal de votos que ayer no alcanzó para sostener el viejo relato.

Buena parte del país, mientras tanto, hoy danza con globos. Enhorabuena.

Stay tuned.

*Abogado -UBA-. Analista internacional, especialista en Asuntos públicos.

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