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Arabia Saudita pacta acuerdo con EE. UU. que le permitiría enriquecer combustible nuclear: ¿habrá límites?

Arabia Saudita impulsará su programa nuclear civil tras alcanzar un acuerdo con la Administración de Donald Trump, que incluiría la posibilidad de producir combustible nuclear en el territorio del golfo Pérsico, según confirmaron fuentes citadas por 'The New York Times' y la agencia estadounidense AP. El pacto, que aún debe ser respaldado por el Congreso, ya cuenta con una fuerte oposición de legisladores en Washington y de su aliado Israel por temor a que no cuente con las garantías necesarias para evitar la fabricación de armas atómicas, justificación principal con la EE. UU. mantiene la guerra contra Irán.

Arabia Saudita cuenta con el permiso del mandatario estadounidense Donald Trump para ejecutar un programa nuclear civil que incluye el enriquecimiento de uranio, elemento necesario para crear un arma nuclear, según revelaron fuentes citadas por los diarios 'The New York Times' y 'The Wall Street Journal', así como la agencia de noticias AP.

De acuerdo con los testimonios de funcionarios estadounidenses que hablaron bajo condición de anonimato, la Casa Blanca planea hacer público el pacto este miércoles 22 de julio.

Las fuentes estiman que Estados Unidos podría ganar miles de millones con el acuerdo, a través de empresas como Westinghouse, fabricante de reactores nucleares que se han comercializado en terceros países.

"Quizás hoy mismo, cuando Washington despierte, haya un anuncio. Les prometo que se enterarán", señaló este miércoles el secretario de Estado de Trump, Marco Rubio, durante una visita diplomática en Manila, Filipinas. Dos fuentes que confirmaron el acuerdo con la agencia Reuters señalaron que la Administración Trump ya está lista para presentar el documento ante el Congreso.

A la espera de que se produzca el anuncio oficial, algunos legisladores republicanos y demócratas se han mostrado previamente en contra de un acuerdo de esta naturaleza, dada la posibilidad de que sea utilizado en el futuro para ejecutar un programa armamentístico nuclear en el reino del golfo Pérsico.

Rubio descartó esta hipótesis al adelantar que "Estados Unidos no va a llegar a ningún acuerdo con ningún país del mundo que conlleve el riesgo de proliferación (nuclear)".

Cualquier negociación entre ambos gobiernos deberá ser refrendada por el Congreso de EE. UU., que tiene la potestad de emitir una resolución desfavorable, una opción que requeriría una mayoría de dos tercios para anular el veto de Trump.

Cuando el documento llegue al Legislativo, comenzará un período de revisión de aproximadamente 90 días de sesiones continuas para que los legisladores presenten objeciones, o den luz verde para su entrada en vigor.

Se prevé que el acuerdo tenga una duración de 30 años, señaló la agencia estadounidense AP, que entrevistó bajo anonimato a dos personas familiarizadas con el asunto.

¿Cuáles son las concesiones inéditas que despiertan preocupación?

Durante el proceso de negociación, el mandatario estadounidense, Donald Trump, habría realizado algunas concesiones al príncipe heredero saudita, Mohamed bin Salman. Entre ellas, que el reino del golfo pueda enriquecer uranio o reprocesar plutonio en su territorio, lo que abre la puerta a la construcción de infraestructuras que también podrían usarse para fabricar un arma nuclear, puntualiza 'The New York Times'.

Además, Trump habría accedido a limitar el acceso a los inspectores internacionales a cualquier instalación en territorio saudita donde se sospeche que podría haber una desviación del combustible nuclear para planes armamentísticos, según el medio neoyorquino.

Ambas prerrogativas fueron descartadas en el pasado por Estados Unidos durante acuerdos similares, como el de 2009 con Emiratos Árabes Unidos, a quien se le impidió procesar combustible nuclear en su territorio —un veto conocido como "el estándar de oro" para las naciones que desean obtener energía atómica— y se le impuso un sistema estricto de control, reforzado por un protocolo adicional firmado con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

Al igual que todos los signatarios del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), Arabia Saudita ya se ha comprometido a no desarrollar una bomba atómica y ha consentido las inspecciones internacionales. Sin embargo, Washington parece haber renunciado a las protecciones adicionales que buscó en un pasado, incluso después de que Mohamed bin Salman afirmara repetidamente que si Irán desarrollara un arma nuclear, Arabia Saudita también lo haría.

Algunos detalles del acuerdo estarían consagrados en dos cartas firmadas entre EE. UU. y Arabia Saudita, señaló 'The New York Times'. Washington podría dejar en secreto estas misivas, argumentando que contienen información comercial confidencial o sensible para la seguridad nacional.

El tipo de pacto alcanzado con Arabia Saudita, conocido como Acuerdo 123, establece un marco jurídicamente vinculante entre ambas partes en materia de cooperación nuclear, entre cuyas obligaciones está la no proliferación de armas nucleares. Washington ha firmado 26 documentos de este tipo con 51 gobiernos y el OIEA.

En virtud del artículo 123 de la Ley de Energía Atómica de Estados Unidos de 1954, Estados Unidos puede negociar acuerdos para participar en una cooperación nuclear civil significativa con otras naciones.

¿Por qué Arabia Saudita sí e Irán no?

Si bien, según lo revelado hasta el momento, EE. UU. remarca que se trataría de un proyecto nuclear civil, el riesgo de que pueda abrir la puerta a la creación de armas atómicas es latente, sobre todo si no cuenta con las salvaguardias necesarias, motivo de las reticencias del mayor aliado de Washington en Medio Oriente: Israel.

Durante años, Irán ha asegurado que su programa nuclear solo ha tenido fines pacíficos, pero sus declaraciones han sido insuficientes para la Administración de Donald Trump que, en 2018, durante su primer mandato, retiró a Estados Unidos del acuerdo nuclear con Teherán que había sido alcanzado por el expresidente Barack Obama y varias potencias mundiales.

Tras su regreso a la Casa Blanca, Trump ha insistido en el presunto objetivo de la República Islámica de fabricar un arma atómica, motivo con el que argumentó el inicio de la guerra contra Irán, junto a Israel, el pasado 28 de febrero, incluso en momentos en que Washington y Teherán negociaban sobre el programa nuclear iraní.

Bajo este panorama y las desavenencias por parte de legisladores estadounidenses y funcionarios israelíes por lo que consideran falta de salvaguardias en el acuerdo con Arabia Saudita, surgen varios interrogantes: ¿qué motiva la decisión del líder estadounidense? ¿Desestimará o no garantías de seguridad en el pacto con Riad?.

En definitiva, la decisión de Trump de autorizar un acuerdo con el reino saudita para el enriquecimiento de uranio en Medio Oriente, sin los controles exigidos históricamente por Washington, contrasta con la colosal operación militar puesta en marcha en el golfo Pérsico para frenar las supuestas aspiraciones nucleares de Teherán.

Riad y Washington han discutido por años sobre un pacto nuclear que daría a Arabia Saudita acceso a tecnología estadounidense y a las empresas estadounidenses la oportunidad de ganar grandes contratos para instalaciones de energía atómica en el reino del golfo Pérsico.

Durante la Administración del demócrata Joe Biden, la posibilidad de un acuerdo estaba supeditada a un reconocimiento del Estado de Israel por parte del reino saudita. No obstante, la irrupción de la milicia islamista Hamás en territorio israelí el 7 de octubre de 2023 —que detonó la escalada de hostilidades en Gaza— y el regreso de Trump a la Casa Blanca han eliminado este requisito.

Las negociaciones se intensificaron tras la visita a Washington del príncipe heredero saudita, Mohamed bin Salman, en noviembre de 2025, lo que precedió a intensas discusiones entre delegados de ambas naciones durante la primavera y el verano de 2026, según artículos recientes publicados por la prensa estadounidense.

Compañías de otras naciones consideradas rivales por Estados Unidos también han mostrado su deseo de contribuir a la infraestructura nuclear saudita, como la compañía estatal China National Nuclear Corp (CNNC), que presentó una oferta en 2023 para construir una central nuclear, o la estatal rusa de energía nuclear Rosatom, que construyó una central nuclear en Egipto y también ha firmado acuerdos preliminares de cooperación con Riad. Otros posibles candidatos son Corea del Sur, que construyó reactores en los Emiratos Árabes Unidos, y Francia.

El acuerdo sobre el programa nuclear civil de Arabia Saudita amenaza con tensar la situación en Medio Oriente, ya que es probable que las concesiones de Washington preocupen a los aliados de Estados Unidos en la región, incluido Israel.

En alianza con el Gobierno de Benjamin Netanyahu, Trump ordenó golpear las instalaciones nucleares iraníes en junio de 2025, en lo que pasó a la historia como la Guerra de los 12 días, bajo el argumento de que Irán estaba enriqueciendo uranio que podría acoplar a los misiles balísticos.

A finales de febrero de 2026, EE. UU. e Israel iniciaron otro conflicto con Teherán, activo hasta el día de hoy, alegando el mismo temor a que la República Islámica estuviese desarrollando en secreto un programa nuclear con fines bélicos. Irán ha insistido en que su programa de enriquecimiento nuclear es pacífico.

En cualquier caso, un pacto nuclear entre ambas partes muestra una estabilización de las relaciones entre Estados Unidos y Arabia Saudita, después de las críticas del príncipe Mohamed bin Salman al ataque estadounidense contra Irán y su negativa a permitir el espacio aéreo para la ofensiva contra la República Islámica.

Fuente: France24