Marcos Peña considera que el “timbreo” perdió su objetivo de “comunicación humilde” con los vecinos. El desinterés por la política, principal adversario.
A a seis meses de la última recorrida por el partido bonaerense de San Miguel, los estrategas del macrismo decidieron archivar el recurso de los timbreos. Si bien no descartan que algún municipio o incluso la propia gobernación lo repliquen nuevamente, antes del arranque formal de la campaña, las visitas a domicilio quedaron prácticamente descartadas como método nacional. “Ya perdieron espontaneidad. Habrá que apelar a otras acciones de cercanía”, afirma uno de los integrantes de la mesa electoral de Cambiemos. Su coordinador era un dirigente peñista: el secretario de Movilización y Voluntariado del PRO, Federico Morales.
El equipo comunicacional de Casa Rosada sabe que existe el riesgo de algún escrache pese a que los timbreos (especialmente los de Macri y Vidal) se concretan en ambientes controlados. “El secreto del timbreo es que no fuera armado y que solo tuviera algo de previsión por la seguridad presidencial”, opina un funcionario de la Jefatura de Gabinete. Si bien las giras de los funcionarios por los barrios son una práctica conocida desde hace casi cien años en la política argentina, el macrismo las actualizó a partir de 2005: le agregó intimidad hogareña a los encuentros.

