Dos escenarios pueden presentarse de cara a las elecciones del próximo año, ambos serán muy adversos para los dirigentes radicales.
La primera lectura es que si Mauricio Macri y la Cofradía de Peter Drucker superan la turbulencia económica, se van a envalentonar y cerrar filas, aún más, blindando las candidaturas, poniendo solo “puros”.
La otra lectura que puede hacerse es que la crisis haga mella, pero aún así que insistan en la necesidad de “lo nuevo” y ese discurso risueño, situación que imitará a lo anterior, terminará, como viene ocurriendo, con dirigentes radicales arrodillados, sin lugares expectantes en las listas, a la espera de alguna migaja. Pase lo que pase, la UCR sabe que está afuera de Cambiemos, no institucionalmente, pero sin incidencia alguna, como hasta ahora.
A pesar de esta situación cada vez más evidente, se ve la presión y las señales de parte de los dirigentes radicales que mas se involucraron públicamente en defender el modelo macrista, como se suele decir “más papistas que el Papa”.
No hay ideales, solo egoísmo, sabiendo que se termina todo, sabiendo que fueron utilizados y por cierto, muchos bien pagados. La pelea ahora de los dirigentes de superficie es quien será el “sobreviviente designado” por la cúpula del PRO cuando descarten de forma masiva la idea de compartir el armado de listas y cargos.
La cuestión está más que clara, muchos saben que en política no todos es lineal y ese cargo que les toco más que un trono fue una silla eléctrica y que en poco más de año se puede termina el sueño.
Ya no hay 2019 seguro, la reelección de Mauricio Macri como presidente de la Nación está en un impasse y los radicales saben que, al igual que a los peronistas colaboracionistas, se les va a terminar facturando haber apoyado a este gobierno de “gorilas” new age, de ahí la obsesión por integrar las listas para “coronar” en algún cargo que les garantice 4 años más.

