Chubut Para Todos

Merkel y la representatividad de la política ante la nueva agenda global Por Fernando León

Ángela Merkel había sido ratificada por cuarta vez en las urnas y todo parecía ir sobre rieles para Alemania tras las elecciones de septiembre, pero de manera inesperada cayó ayer en las redes de su propia coalición y deberá enfrentar, por primera vez en décadas, a una crisis política poco común para la principal potencia de la Europa continental. Las negociaciones del partido que lidera la canciller –el democristiano CDU- con los verdes y los liberales para armar una coalición de gobierno esta vez no fueron un simple trámite, y las perspectivas de una Merkel gobernando en minoría pasaron a ser una incómoda posibilidad.

La canciller baraja la posibilidad de un llamado a nuevas elecciones para la primavera alemana del 2018, pero esto puede llevarla a un escenario todavía peor –como le ocurrió a Theresa May en el Reino Unido, unos meses atrás-, pues su figura ha bajado en las encuestas y un electorado escéptico podría darle más aire a sus opositores. El editorial del prestigioso matutino inglés The Guardian se hace eco de este desánimo al subrayar anteayer la posibilidad tangible de una era “post-Merkel”.

LAS DEMOCRACIAS OCCIDENTALES Y EL SÍNDROME DEL "LAME DUCK"

El que se vive en Alemania no es un fenómeno inusual en la política global de los últimos años, en especial después de la crisis de representatividad que sucedió a la debacle económica del 2008. Barack Obama ya había enfrentado más o menos dignamente ese síntoma de “pato rengo” durante su segundo mandato, pero el impenitente bipartidismo de la democracia americana no permitió que el poder se diluyera en su propio Congreso. No ocurrió lo mismo en España con el PP, que el 2015 sólo obtuvo un 28 por ciento de apoyo, o con los conservadores en el Reino Unido, que no consiguieron mayoría absoluta en las elecciones de junio pasado. Macron dejó una sensación de cohesión en Francia, pero no olvidemos que en ese país los votos se repartieron entre cuatro candidatos, con una importante erosión en los partidos tradicionales.

La globalización no ha dejado de plantear a sus democracias occidentales, elección tras elección, que el sistema político nacido con la Ilustración del siglo XVIII tendrá que sobrevivir al pragmatismo de los nuevos tiempos con algún tipo de refundación de su ingeniería. La revolución tecnológica, en su irremediable proceso de convergencia exige una serie de decisiones concertadas entre las naciones, que batallan por no perder competitividad ante las naciones asiáticas y están obligadas a mantener su predominio dentro del tablero mundial. Un pragmatismo inédito obliga a los estados modernos a replantearse si el nuevo paradigma ofrece nuevos mecanismos de consenso, nuevas reglas de juego para la nueva política o formas de liderazgo en las que el viejo modelo de tres poderes formales sea reemplazado en los hechos por mecanismos de decisión y formas de liderazgo que hoy desconocemos.

Lo que insinuamos en el párrafo anterior parece una utopía si contrastamos la zozobra de las débiles coaliciones europeas con una figura como la de Vladimir Putin, abrazado ayer para la foto junto al presidente sirio Bashar al-Ásad, celebrando la caída de Mosul y el cerco final a las tropas de Isis. El estilo del presidente ruso, en efecto, no parece lejos del modelo de los viejos líderes autócratas de la vieja Unión Soviética o la Rusia de los Zares.

La democracia de libre mercado, que Francis Fukuyama celebraba como la forma final, definitiva, para el gobierno de los estados occidentales, pero aún tiene unos cuantos desafíos por delante. ¿Encontrará el modo de refundarse o de resolver sus contradicciones internas -como hizo Xi Jinping con su propio partido en China-, de cara a los inexorables cambios que el nuevo siglo le impone a la política actual?

Stay tuned!

*Abogado -UBA-. Analista internacional, especialista en Asuntos públicos.