Chubut Para Todos

Del confort hedonista a la grandeza Política Por Heriberto Deibe

En estos “tiempos modernos” ya son evidentes los estragos humanitarios que se producen al adoptar una forma de vida social sin grandes responsabilidades cívico-políticas. En la que se promete una ilimitada libertad individual para vivir lo más confortablemente posible. Así, esta cultura hedonista engendra una radical indiferencia colectiva que fragmenta las comunidades.

Claramente, el confort característico del hedonismo se ha transformado en una constante cultural del pueblo argentino. Es este individualismo el que hace primar el interés personal por sobre un ideal común de igualdad y justicia, puesto que su visión de la vida se reduce exclusivamente al placer individual y los beneficios propios.

Al alcanzar la dimensión Política, el principal campo del quehacer colectivo, se advierte que cuando esta insustancialidad se apodera de la cultura general, el deber común en Política se torna inalcanzable. Y la virtud y la grandeza de las gestas épicas que solían ser modelos de heroísmo, hoy ni siquiera se delimitan al paupérrimo “esfuerzo” de la hipocresía que intenta simularlas.

A su vez, la atrofia de la solidaridad, pilar del la hermandad comunitaria, corroe el tejido social y en consecuencia, la indiferencia que produce exige poco o nada a la política, a no ser que la decadencia prolongada de la misma se haya evidenciado en las necesidades y tragedias sociales.

El hedonismo, por otra parte, se sustenta en el relativismo que reduce la verdad eminentemente a la opinión subjetiva -sin voluntad transformadora-, y dado que la verdad  exige asumir la realidad  como responsabilidad, implica una lucha infatigable contra la mentira, primeramente frente a uno mismo. Por ello, la principal corrupción es la negación de la verdad ante sí (la “corrupción económica” no es más que una forma particular y circunstancial de desviarse del camino correcto).

Esta corrupción elemental, se observa en tiempos del auge de los medios de comunicación masivos y las redes sociales, donde éstos suelen utilizarse para construir una falsa autoridad, a través de la simulación de conductas de servicio ejemplares que, en realidad, se reducen a un instante. Pero el único testimonio realmente válido es el de una vida de altos sacrificios personales en pos del bien general, que no significa entregar  la vida en términos de violencia sino subordinarla al servicio de una causa que trasciende lo individual. Y, por tanto, exige una concreta iniciativa de lucha ante las injusticias.

Este estado de cosas devela que los dirigentes y la política en general, tenemos el ineludible deber de luchar contra esta cultura que esclaviza a las facilidades coyunturales, aísla y enfrenta a los argentinos, y finalmente destruye nuestro país.

Para combatir este paradigma cultural, entonces, la Política debe pujar por reconstruir una cultura general que encarne altos ideales y valores trascendentes, armados con la certeza de aceptar la verdad como el principal instrumento que dirige al hombre por el sentido trascendente de la vida.