Rafael Di Zeo es hoy, tal vez, el barra brava más poderoso del país. Coordina una tropa de 800 personas y administra una caja de dinero negro que se alimenta de aportes de la política, de empresarios y de la multifacética red de financiamiento que caracteriza a las barras argentinas: reventa de entradas y control de los accesos a los estadios, comercialización de indumentaria oficial, paquetes turísticos y la explotación de los estacionamientos en los alrededores de la cancha.
Por Nicolás Balinotti - La Nación

