Desde hace tiempo se viene advirtiendo del peligro de usar el teléfono celular como despertador, por lo que, en base al estudio de Bioelectric Shield detalló los riesgos que conlleva.
Según la investigación, los jóvenes son los más propensos a usar el móvil como despertador. Sugiere que casi la mitad (48%) de las personas de 16 a 34 años utilizan la alarma del smartphone para despertarse por las mañanas, al igual que el 26% de personas de 35 a 54 años y alrededor del 9% de los adultos de 55 años o más de edad.
El principal riesgo de usar el móvil como despertador es la tentación de echar un ojo a la pantalla antes de dormir, cuando es de sobra sabido que el uso de la electrónica durante la noche hace que sea mucho más difícil quedarse dormido, perjudicando directamente al sueño de los usuarios y al descanso del organismo. Pero no es el único peligro.
Exposición a la radiación
Además de provocar hábitos compulsivos y ansiedad, mantener el teléfono cerca de nuestro lado en todo momento, día o noche, puede tener diferentes consecuencias al ser productores de un alto nivel de frecuencias de campos electromagnéticos o CEM.
Lógicamente si se utiliza el móvil como despertador, logramos estar expuestos a la radiación del mismo durante toda la noche.
En las últimas décadas se han realizado un gran número de estudios para determinar si los teléfonos móviles pueden plantear riesgos para la salud. Hasta la fecha no se ha confirmado que el uso del teléfono móvil tenga efectos realmente nocivos perjudiciales para la salud, aunque los estudios más recientes evidencian que la exposición prolongada a estos campos electromagnéticos pueden alterar ligeramente la fase REM del sueño.
En varios estudios se han investigado los efectos de los campos de radiofrecuencia en la actividad eléctrica cerebral, la función cognitiva, el sueño, el ritmo cardíaco y la presión arterial en voluntarios. Estos efectos no pasan de ser simbólicos pues presentan unas radiaciones no ionizantes de nivel inferior a los que provocan el calentamiento de los tejidos.
No obstante, no podemos olvidar que existe un nicho de población, entre un 5 y 10 %, que sufre de electrosensibilidad por lo que las radiaciones emitidas por un smartphone, al igual que las de cualquier otro aparato eléctrico, sí podrían generar efectos térmicos y atérmicos que indujeran a algún tipo de cambio biológico.

