Los radicales se juntaron en Villa Giardino para debatir la posición del partido. Hay tres documentos que circulan en el encuentro. Uno es crítico de la relación con el Gobierno, otro destaca logros y el tercero es intermedio. El papel de Federico Storani.
El radicalismo se jacta de ser el único partido nacional que, en el siglo XXI, sigue haciendo de la discusión interna un culto. Esta pequeña localidad de las serranías cordobesas fue testigo de ello. Sede de la cumbre del radicalismo nacional, lo que aquí se escuchó ayer fue la voz estentórea de sus dirigentes que, en forma unánime, reclamaron que el partido deje de ser un convidado de piedra y que sea, de ahora en más, partícipe activo en la toma de decisiones del Gobierno.
Tras un intenso debate, las diferencias se dejaron de lado y la conclusión fue unívoca: Cambiemos debe mutar su ropaje de coalición electoral y parlamentaria para madurar, de ahora en más, en una efectiva coalición de gobierno. Ya no hay más margen para “errores no forzados”, advirtieron. Además reclamaron que en los distritos donde no haya lista de unidad se hagan internas, como en la Capital Federal.
Una de las voces más corta fue la de Federico Storani, quien en su alocución fue contundente. Storani reivindicó Cambiemos pero exigió conocer las decisiones que “nos afectan a todos” porque “no sé cómo se siente Mario Negri cuando nombraron jueces por decreto. O como nos sentimos muchos al ver que un funcionario niega los delitos de lesa humanidad y sigue en el Gobierno”.
“No podemos quedar en el medio de la interna del Newman y el Champagnat”, planteó, en referencia a los colegios de los miembros del gabinete.

