Un consenso de especialistas italianos reunió décadas de evidencia científica para señalar a esta sustancia, habitualmente relegada frente a otros indicadores más conocidos, como un factor determinante en el riesgo cardiovascular de muchos pacientes
Un grupo de 15 especialistas italianos elaboró un documento de consenso que confirma lo que la ciencia sospechaba desde hace años: los triglicéridos —un tipo de grasa presente en la sangre— son una causa directa de enfermedades del corazón y las arterias, y no un dato menor en los análisis de laboratorio. El trabajo, publicado en la revista Nutrition, Metabolism and Cardiovascular Diseases, fue impulsado por la Sociedad Italiana para el Estudio de la Aterosclerosis (SISA) y reúne evidencia genética, epidemiológica y clínica acumulada durante décadas.
Los triglicéridos viajan por la sangre dentro de partículas que actúan como pequeños transportadores de grasa. Son justamente esas partículas las que, según el documento, favorecen la acumulación de placas en las arterias, incluso cuando el colesterol malo se encuentra controlado con medicación.
El texto posiciona a los triglicéridos elevados como un factor de riesgo que durante años quedó relegado frente al colesterol LDL, conocido popularmente como “colesterol malo”.
El peligro de infarto persiste aunque el colesterol esté controlado

Uno de los ejes centrales del trabajo es lo que los médicos denominan riesgo cardiovascular residual: el peligro de sufrir un infarto o un accidente cerebrovascular (ACV) a pesar de que el paciente tome correctamente sus medicamentos para bajar el colesterol. Múltiples estudios demostraron que una proporción considerable de personas sigue padeciendo estos episodios pese a cumplir con su tratamiento.
Las guías de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC) y la Sociedad Europea de Aterosclerosis (EAS), actualizadas en 2025, reconocen que los triglicéridos elevados contribuyen a ese riesgo de forma independiente. Un seguimiento a 9.436 pacientes con antecedentes cardíacos confirmó que los niveles altos de esta grasa anticipan la reaparición de infartos y otros eventos graves a lo largo de nueve años, sin importar cuán intensivo fuera el tratamiento con otros fármacos.
Fibratos y omega-3 convencionales no lograron reducir infartos ni ACV
El documento de la SISA analiza las terapias disponibles. Las estatinas, el medicamento más recetado para bajar el colesterol, también reducen los triglicéridos entre un 15 % y un 30 %, pero ese descenso no alcanza para eliminar el riesgo adicional en muchos pacientes.
Los fibratos, otro grupo de fármacos utilizado durante décadas, mostraron beneficios solo en casos muy puntuales. Un gran ensayo internacional —denominado PROMINENT— evaluó uno de estos medicamentos en 10.497 personas con diabetes tipo 2: los triglicéridos bajaron un 26 %, pero los infartos y los ACV no disminuyeron. Un análisis posterior indicó que los beneficios antes atribuidos a estos fármacos se debían en realidad a la reducción del colesterol, no de los triglicéridos.
Los suplementos de omega-3, los clásicos derivados del aceite de pescado, demostraron capacidad de reducir los triglicéridos entre un 20 % y un 50 %. Sin embargo, tampoco lograron disminuir los episodios cardiovasculares en ensayos de gran escala.
Un derivado purificado del aceite de pescado, la única opción con beneficio probado
Frente a ese panorama, el consenso destaca al icosapent etilo (IPE), un compuesto que también proviene del aceite de pescado, pero en una versión mucho más concentrada y purificada que los suplementos convencionales. El ensayo internacional REDUCE-IT, que incluyó a 8.179 pacientes que ya tomaban estatinas y tenían triglicéridos moderadamente elevados, demostró que 4 gramos diarios de este fármaco redujeron un 25 % el riesgo de infartos, ACV y muerte cardiovascular tras casi cinco años de seguimiento.
El beneficio no se explicó solo por la baja de los triglicéridos. El fármaco también disminuyó un 39,9 % un indicador de inflamación en la sangre, lo que sugiere que su efecto protector actúa por varias vías simultáneas y no únicamente por la reducción de grasas.
El documento aborda además los casos de triglicéridos extremadamente altos —por encima de 885 mg/dL—, donde el principal peligro ya no es solo cardíaco, sino también la pancreatitis aguda, una inflamación grave y potencialmente mortal del páncreas. Para estos pacientes, el consenso subraya la necesidad de un tratamiento intensivo e inmediato. Las guías ESC/EAS de ya recomiendan el (IPE) para personas de alto riesgo con triglicéridos moderadamente elevados que reciben estatinas.
Por Ismael Yasnikowski - Infobae

