El intendente respaldó la llegada de Uber y el sector del taxi analiza medidas de fuerza, según informó FM del Lago.
Matías Taccetta eligió bando antes de que nadie se lo pidiera. Este martes dijo que, aunque habrá conflictos con quienes trabajan en taxis hace años, "no podemos oponernos a las nuevas tecnologías", y respaldó que Uber desembarque en Esquel. Pocas horas después, los taxistas mantendrían una reunión para definir si entran en alerta y movilización, según FM del Lago. Tampoco hay trámite formal: el presidente del Concejo, Rubén Alvarez, aclaró que no hay ningún pedido formal y que se aguarda una eventual gestión de la empresa. El intendente se anticipó a una discusión que nadie había abierto.
La contradicción es difícil de ignorar. En enero de 2025 el municipio presentó la aplicación oficial de taxis y remises, ante una queja de vieja data del sector contra la oferta clandestina, y en julio eximió de impuestos hasta dos años a quienes renovaran sus unidades. Hoy el intendente dice que esa aplicación fue una manera de prepararlos para los cambios. El sector se adaptó; ahora el intendente celebra a su competencia.
Y no solo la celebra. Según Jornada, opinó que los autos de Uber son más ágiles, más económicos y de mejor servicio. Dicho por quien habilita y regula los taxis, es difícil no leer ahí que el servicio local es peor: de paso desvaloriza ante los usuarios a quienes lo prestan, el mismo servicio que su gestión acompañó con exenciones hace apenas unos meses.
Detrás de cada licencia hay un trabajador que invirtió en ella, que compró un auto con mucho esfuerzo y que trata de tener sus impuestos al día. No se conoce un taxista millonario: son laburantes que con lo que cobran sacan para el mango. Y la tarifa es la que es porque está llena de impuestos y costos que el propio taxista paga, no porque se quede con la diferencia. Hoy ese trabajador recibe este revés. Son familias que, si Uber llega sin reglas, podrían perder trabajo y poder adquisitivo, o caer en el desempleo, y no todos pueden reinventarse: hay taxistas de edad avanzada para quienes insertarse en otro rubro es muy difícil.
El patrón no es nuevo. Primero fueron los comerciantes y los prestadores, asfixiados, según la oposición, por una presión tributaria que terminó en una moratoria con quita de intereses, mientras al inversor que llega se le ofrecen exenciones de hasta quince años. Ahora le toca al taxi, que no se compara con una multinacional.
Nadie discute que la tecnología avanza ni que a muchos usuarios y choferes la oferta les resulta atractiva. Pero también importa el momento: con la economía de las familias tan delicada y tantos problemas de trabajo, cabe preguntarse si es hora de poner en riesgo a un servicio como el taxi. Y, sobre todo, el cómo: sin reglas iguales y sin hablar antes con quienes ya trabajan.
Lo que se repite en el Esquel de Taccetta es una forma de decidir: acompañar al que llega y soltarle la mano al que apostó por la ciudad durante años. Primero fue el comerciante. Ahora, el taxista. La pregunta es quién sigue.
Por La oposición silenciosa

