La explotación petrolera en Malvinas no es un hecho aislado, es parte de una estrategia británica de consolidación colonial a través de los recursos.
Rockhopper Exploration, con sede en Reino Unido, es la empresa que descubrió y opera el yacimiento Sea Lion al norte de las islas. Es la punta de lanza: una junior que hizo el trabajo de exploración que las majors no querían hacer directamente por el costo político.
Ahí entra British Petroleum en el entramado. BP no opera directamente en Malvinas, pero es parte del mismo sistema energético británico que sostiene y financia la viabilidad de la explotación:
- Capital y tecnología: El modelo de Rockhopper depende del farm-out a grandes operadoras. Su socio actual es Navitas Petroleum, pero la tecnología, los seguros, la logística y la comercialización del crudo del Atlántico Sur pasan por el circuito de empresas donde BP es actor central en el Mar del Norte.
- Antecedente directo: En los 90, BP tuvo licencias de exploración en la cuenca de Malvinas a través de su participación en consorcios. Se retiró por baja rentabilidad en ese momento, pero dejó abierta la puerta y el marco legal que hoy usa Rockhopper.
- Legitimación geopolítica: La explotación de Rockhopper solo es posible porque el Reino Unido la habilita como potencia administradora, garantizando licencias ilegítimas para Argentina. Los beneficios de esa explotación fortalecen la economía de la colonia y, por extensión, los intereses energéticos británicos que BP representa a nivel global.
En síntesis, Rockhopper es el operador visible en Malvinas, BP es parte de la matriz corporativa y estatal británica que hace que ese negocio sea posible y rentable.

Por P.C

