Chubut Para Todos

Algo raro pasó: el negocio de la conspiración y el atajo político de Milei

El Gobierno aprovechó chispazos hostiles para agitar una cruzada anti y le reza a la marca K. Radiografía del votante Ni-Ni (ni Milei, ni K). La otra tragedia de los endeudados. Quirno, con delay. Las cuatro Argentinas.

En un punto recóndito de la Matrix criolla, Javier Milei y Myriam Bregman aparecen hermanados en la creencia de que se ejecutó una campaña anti-Argentina en la Copa del Mundo. La magia de las conspiraciones es que ordena –por un rato, con alambre– pertenencias: al final, Milei y Bregman son antes que nada argentinos y se unen frente a una amenaza (aunque sea ficticia) externa.

Es el sueño húmedo de todo Gobierno. Un capítulo extremo fue la campaña “Los argentinos somos derechos y humanos”, que en 1979 contrató la dictadura de Jorge Rafael Videla, vía el ministro del Interior, el general Albano Harguindeguy, a la agencia Burson Marsteller, en la previa de una visita de Comisión Interamericana de los Derechos Humanos de la OEA al país, según reconstruyó María Seoane.



El Gobierno de Milei lo aprovechó. No dudó en nutrirse de las críticas de figuras “progres” de Estados Unidos y Europa, maliciosas, mal informadas o fans del show, para linkearlos con ismos locales y abrazar el viejo truco de los enemigos domésticos. Lo expresó Agustín Laje y lo validó Milei, que aprovechó su viaje a Brasil para tensionar con Lula, al que calificó de “presidiario” lo usó para su batalla anti-progre: dijo que, así como en Argentina existe el «riesgo Kuka», en Brasil existe el «riesgo Lula». Hay dos indicadores básicos que reflejan el momento político del oficialismo: su urgencia por cambiar el sistema electoral y su necesidad de revivir la amenaza K.

Las conspiraciones son divertidas, explican fácil el mundo y ponen en una dimensión mágica, secreta y terrible hechos que no se quieren asumir. Es más elegante decir que te robaron un partido que asumir que te pasaron por arriba. Guillermo Ockham, que nació tan temprano que no llegó a conocer el fútbol, invocó el principio de parsimonia –aka doble navaja–, que propone validar la explicación más simple por sobre la compleja.

El principio de Ockham es –debería ser– un anticuerpo contra los conspiradores que, sin embargo, abundan. Ad Hoc, la consultora de Javier Correa, detectó conversación muy intensa en redes sobre un complot de FIFA para que Argentina gane el mundial –que tuvo su pico en el partido con Egipto–, ataques al país por supuesto “racismo” sobre el que tuiteó Iván Schargrodsky acá –un asunto de tonalidades, si se toma la respuesta de José Ignacio Rucci a Muhammad Alí durante un asado en Lanús que contó Anibal Rucci– y la conexión entre Milei e Israel. 

Elige tu propia conspiración

Reputación Digital, que dirige de José Norte Sosa, compiló las conspiraciones más taquilleras de las redes: la tesis de robo arbitral (que linkea con el castigo por la rebeldía de la bandera de Malvinas), arreglo o entrega estuvieron en el top, mientras que un escalón abajo –y acá jugó la Casa Rosada y fue determinante como altavoz el conductor Eduardo Feinmann– apareció la versión de que Claudio “Chiqui” Tapia entregó la final para salvarse.

Antes que Feinman, el tuitero libertario Daniel “Gordo Dan” Parisini inauguró la teoría de agentes del FBI agazapados para detener a Tapia. Borró el posteo. Horas después, cuando circuló la noticia de una supuesta “retención” del titular de la AFA, el funcionario Juan Pablo Carreira, más conocido como “Juan Doe”, salió a reivindicar a Feinmann y a Dan, quien se hizo cargo. En LLA hay versiones antagónicas sobre el episodio Tapia.

La ruta argumental de que Tapia entregó la final para salvarse, Tapia es kuka, el progresismo amigo de los K lanzó una campaña anti-Argentina es un circuito fácil de digerir para aquellos de estómago fuerte. Fue, además, un atajo para tratar de salir del laberinto por el multi tema Malvinas –con el aporte de Alejandra Monteoliva– y de los conspiradores que atribuyen los ataques al vínculo entre Milei y el premier israelí Benjamín Netanyahu.

El anabólico en redes y la difusión de una versión en TV pueden explicar, al menos en parte, dos datos que detectó Norte Sosa: hubo más conversación sobre un complot a favor de que Argentina gane el Mundial que sobre el “robo” de la final, que además estalló en las redes 48 horas después. Un factor más: Lionel Messi es una de las tres personas más conocidas del mundo y todo dato que lo incluye, sobre todo los maliciosos, genera conversación, réplica y ganancias para las cuentas monetizadas. 

Que vuelvan los K

Detrás hay una lógica que explica por qué Adrián Ravier, portavoz que llegó como un anti Adorni y deja una polémica en cada aparición –la última fue sobre un dólar que subirá a 1.800 pesos–, adaptó su vocabulario y, frase por medio, menciona la categoría kirchnerismo. En Casa Rosada operan sobre la base, todavía eficaz según los estudios de opinión pública que circulan en el Gobierno, de que la marca K le sirve para polarizar.

Los tropiezos de Ravier –que llegó de la mano de Milei– y las críticas que recibe tienen un mismo eje: en el tercer año de mandato, el Ejecutivo agotó el periodo de gracia o “de aprendizaje”, clima que se agrava en medio de un nivel alto de hostilidad contra el Gobierno, que está más cerca de los 30% de apoyo que de los 40% o de los 50% que tocó a fines de 2025.

La economía no arranca, acecha el fantasma del desempleo –según #OpinaArgentina se convirtió en la principal preocupación de los argentinos–, aumenta la deuda de las familias y cae el poder de compra. El ingreso disponible de las familias, que mide cuánto le queda para consumir luego de pagar gastos fijos, cayó a 83,5% (sobre 100 en noviembre de 2023), según la medición de Equilibra, de Martín Rapetti. La mejora de calificación de Moody’s, importante para el mercado, se apagó con el recrudecimiento de la crisis en el estrecho de Ormuz y los aranceles que reimpuso Donald Trump. El riesgo país, el dato fetiche del oficialismo, rebotó y volvió a los niveles de hace un mes.

Sobre la deuda de las familias aparecieron datos duros sobre la parte más oscura: si la mora se cuadruplicó, en paralelo se triplicaron las denuncias sobre hostigamiento y acoso –de maneras terribles, muchas veces mafiosas– por parte de “estudios” que se dedican al cobro de préstamos. 

En 2024, el área de Defensa del Consumidor de la provincia de Buenos Aires recibió 393 denuncias de hostigamiento por cobro de deuda. Para 2025, la cifra creció a 1010. En los primeros 5 meses del 2026, ya hubo 1300 denuncias por acaso/hostigamiento. Ariel Aguilar, subsecretario de Desarrollo Comercial y Promoción de Inversiones, dice que el crecimiento es proporcional al aumento de la mora y que, si bien el acreedor tiene derecho a cobrar, no puede aplicar cualquier método para hacerlo.

La dificultad operativa es otra: los que “actúan” contra los morosos son empresas que gestionan el cobro pero no son los acreedores directos, que en general son bancos, fintechs, cadenas de electro o empresas de telecomunicaciones. “Una persona se endeuda con un banco pero la llama un estudio, que a veces es solo un call center, y que suelen hostigar de muchas maneras”, detalla Aguilar.

Radiografía de los Ni-Ni (Ni Milei, ni K)

En un contexto crítico, el Gobierno apuesta a que los ni-ni, sectores decepcionados con Milei que no quieren al kirchnerismo, o bien se queden en la casa el día de la elección presidencial o le den un nuevo crédito al presidente para reelegir. Para eso, aunque Luis “Toto” Caputo quiera espantar el “riesgo kuka”, la línea política del Gobierno advierte que necesita, enfrente y lo más vivo posible, al kirchnerismo.

El asunto merece un breve flashback. En 2025, el Gobierno –con diseño de Santiago Caputo– confrontó con Axel Kicillof y enfocó una agenda provincial de inseguridad y pobreza. Fue en medio de un tironeo entre el gobernador y Cristina Kirchner sobre desdoblar o no la elección provincial. CFK advertía que desdoblar suponía el riesgo de una campaña sobre la crisis bonaerense.

“TN va a instalar todo los días un móvil en La Matanza”, dijo Cristina en una reunión abierta, pero sin medios ni periodistas, en Moreno a fines de 2024. Kicillof desdobló, CFK anunció su candidatura bonaerense, 11 días después la Corte confirmó la condena y la prohibición de postularse y en agosto Milei hizo un desembarco exprés en Villa Celina con el slogan “Kirchnerismo nunca más”.

¿Cuántos son y qué piensan los Ni-Ni? QSocial, que dirige Lucas Klobvos, exploró ese universo para medir si hay territorio donde puedaa emerger una tercera fuerza, la tan mentada avenida del medio. 4 de cada diez consultados rechazan a Milei y al kirchnerismo, 29% solo rechaza a Milei y 25% solo al kirchnerismo. El nicho clave es el 40% que está en contra de los dos polos.

De ese bloque Ni-Ni, 55% evalúa mal la situación económica (otro 35% regular-mal), 85% no es optimista sobre el futuro, 70% son decepcionados de Milei y 80% quiere un presidente “unificador”. La decepción con Milei parte de que le reconocen la baja de la inflación pero que el costo social del ajuste fue demasiado alto. El 55% de los Ni-Ni no sabe a quién votar y la mitad admite que podría votar a un presidente que no le gusta con tal de que no gane otro que le gusta menos.

A simple vista, hay agua en la pileta para que aparezca un tercer espacio/jugador a nutrirse de la polarización. Klobvos aporta una serie de precondiciones: la fundamental es que la figura de avenida del medio debe ser, pero sobre todo percibirse, como competitiva. De lo contrario, la “polarización funciona como aspiradora” y los Ni-Ni recaen en “la lógica binaria Milei-kirchnerismo”.

Una tentación para figuras como Jorge Brito o Dante Gebel que, post mundial, deberán dar señales de si entran en la carrera del 2027 o no. Un desafío, además, para el peronismo, que sigue encerrado en su propia interna. Este domingo, en Moreno, Mariel Fernández organiza un acto por el aniversario de la muerte de Eva Perón. Hubo invitaciones al ecosistema de Axel Kicillof y de Cristina Kirchner.

La herida abierta de Malvinas 

Los tropiezos de Ravier como vocero fueron replicados por Monteoliva, sucesora de Patricia Bullrich, que buscó el amparo de Karina Milei. Algo que, sin embargo, no le alcanza para terminar de consolidarse como jefa de las fuerzas de Seguridad. Enfrenta situaciones insólitas. Días atrás, volvió en auto de una actividad porque, según la versión que circuló entre los uniformados, no había fondos para el combustible del helicóptero. La motosierra llegó, aparentemente, a cuestiones operativas.

Monteoliva no logra apagar el malestar en la Prefectura, donde cayó como una bomba sucia la versión de que Federico Sturzenegger quiere fusionar esa fuerza con la Armada, con la tesis de que son dos organizaciones, cada una con 24 mil efectivos, que tienen funciones solapadas. A Monteoliva le va peor que a Patricia Bullrich con Sturzenegger: la senadora le dedicó 2 horas la semana pasada para convencerlo, y aparentemente lo hizo, de que si endurece el proyecto de reforma de la Ley de Tierras, se le caen los votos aliados que pudo, con forceps, conseguir. El ministro de Desregulación aceptó.

La sanción se cayó hace diez días, porque los números estaban justos, Bullrich prefirió evitar el riesgo de que desempatara –en contra– Victoria Villarruel y no estaba, además, el clima –post triunfo contra Inglaterra y bandera de Malvinas en mano de la Scaloneta– para aprobar una ley que permite la compra, sin límites, de tierras por parte de extranjeros.

El proyecto tiene fecha de tratamiento el 6 de agosto. Empezó la convocatoria a una movilización para ese día. El lunes, en el PJ, el exministro de Agricultura, Julián Domínguez, dará un informe en el PJ nacional sobre la cuestión legal de las tierras, la concepción “del peronismo” y, en base a datos del Observatorio de Tierras, un mapeo sobre la presencia de extranjeros. El monitoreo se puede ver acá. 

Sobre la fusión de Prefectura y la Armada, Sturzenegger puede invocar que hasta los 80, con Raúl Alfonsín, las tareas de Prefectura las realizaba la Armada y que a principios del 2000, Eduardo Duhalde las quiso fusionar. Por separado, Gendarmería –con el sistema Guardacostas– y la Armada, con el sistema Pollux, fueron los que detectaron al buque HMS Medway navegar dentro de las 12 millas náuticas, dentro del Mar Argentino, donde según los acuerdos de Madrid rige una disposición para que se informe –no se pida permiso– sobre el ingreso. Gran Bretaña no lo hizo. La Cancillería argentina tardó casi diez días en reclamar, y lo hizo una vez que circuló en los medios y surgieron planteos de distintos sectores.

La vía (muerta) diplomática 

Pablo Quirno le reprochó a Paola Di Chiaro, funcionaria de la era PRO que está al frente de la Secretaría de Malvinas, (que no es diplomática, como se mal indicó en #Sistema2 del domingo pasado) porque, en teoría, no le informó del episodio. A juzgar por los hechos, Quirno tiene algún delay: se enteró de la liberación del gendarme Nahuel Gallo cuando se publicó en X, supo tarde de la firma de un acuerdo entre Brasil y Reino Unido y ahora lo mismo con el buque Medway.

Sobre la explotación petrolera en la cuenca norte de Malvinas, que encaró la empresa Navitas Petroleum, hasta acá la Cancillería solo emitió una queja, allá por septiembre de 2025. El embajador británico en Buenos Aires, David Cairns, felicitó a Argentina por la victoria en la semifinal pero rechazó una audiencia con diputados que pedían tener detalles sobre el episodio del buque de guerra.

Cairns agradeció la consulta pero se excusó y dijo que el tema se analiza por la vía diplomática entre los dos países. Tanto el caso del buque Medway como el del avance de la explotación petrolera tuvieron –al menos hasta donde se sabe– una actitud totalmente pasiva de Quirno. Pudo existir, por ejemplo, una convocatoria al embajador Cairns para que explique la situación. Ni Ravier tuvo datos para informar. Una fuente contó que al vocero le pidieron, desde Cancillería, que no diga nada.

Las cuatro argentinas

La economía en serrucho y las diferencias entre los distintos sectores o actividades configuran un escenario heterogéneo. El Gobierno se sube a la nube de la macro ordenada como si eso alcanzara para transmitir bienestar a la micro. Dividir macro y micro es una trampa semántica para no hablar de lo que parece expresar el modelo: hay ganadores y perdedores claros.

Eso permite, además, una traslación territorial. La consultora Moiguer –que hizo un estudio muy interesante sobre jóvenes, mencionado en el último #OffTheRecord– analizó el fenómeno de la heterogeneidad. Hay un primer dato duro sobre el desacople entre actividad económica y consumo, la primera con una tendencia hacia arriba y la segunda claramente hacia abajo. Lo mismo puede darse con actividad y empleo, como ya contamos acá a partir de informes de PxQ y del CETYD-UNSAM, que hablan de jobless growth, crecimiento con pérdida de empleo.

El Social Mood de Moiguer define cuatro territorios y detecta cuatro velocidades, algo así como cuatro argentinas: AMBA, eje andino, eje pampeano y eje patagónico, a partir de comparar PBG (producto bruto geográfico, como un PBI provincial), empleo privado y expectativa para los próximos meses. En los extremos están AMBA con todo rojo (29% de expectativa de mejora, caída de 2,5% del PBG y caída de 3,5 del empleo privado) y eje patagónico, medido con el “oasis Neuquén”, con 45% de expectativa figura, casi 37% de aumento del PBG y 5,8% del empleo privado. Moiguer toma, como caso testigo, Neuquén y GBA, que tiene datos diferentes a CABA, y luego mide Córdoba para el eje pampeano y Salta para el eje norteño. Cuando se comparan Neuquén (una provincia que tiene indicadores distintos a las 23 jurisdicciones restantes) con el conurbano, las diferencias son enormes. Obliga a mirar, otra vez, un tema que hablamos bastante por acá: la desconurbanización.

Por Pablo Ibáñez-Cenital