Que el Gobierno hable de una “campaña anti-Argentina” del progresismo internacional participa de su propia batalla cultural. La pregunta lícita es cómo responde el progresismo local y la oposición en ese contexto.
“Siendo tan desdoroso, como ultrajante á la humanidad, el que en los mismos pueblos, que con tanto tesón y esfuerzo caminan hacia su libertad, permanezcan por más tiempo en la esclavitud los niños que nacen en todo el territorio de las provincias unidas del Río de la Plata, sean considerados y tenidos por libres, todos los que en dicho territorio hubiesen nacido desde el 31 de enero de 1813 inclusive en adelante, día consagrado á la libertad por la feliz instalación de la Asamblea general, baxo las reglas y disposiciones que al efecto decretará la Asamblea general constituyente”.
Ley de Vientres, Asamblea del año XIII
“Empecemos por la verdad: no fueron 30 mil los desaparecidos, son 8.753. No estamos de acuerdo con los curros de los derechos humanos”.
1. La primera vez que vi llorar a mi padre fue en 1979. Había desaparecido la presidenta de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires, Beatriz Perosio. Mi papá era el secretario científico de la Asociación y fue a denunciar ese caso ante la visita de la Comisión de Derechos Humanos de la OEA. Vio las colas de personas que esperaban ser atendidas por los diplomáticos. Se encontró con conocidos y familiares, y, al regresar a casa –yo tenía entonces 13 años–, no pudo más. La desesperación y la impotencia ante la verdad fueron más que el silencio en torno de la sociedad por entonces: en casos extremos, lo político es extremadamente personal.
2. Pocos días más tarde –era septiembre–, en Japón, una selección juvenil liderada por Maradona y con un gran Ramón Díaz ganaba de punta a punta el Mundial Juvenil. Como muchos argentinos por entonces, salimos con mi padre a festejar. Era el tiempo de los papelitos que acompañaban a los festejos. Y allí vimos uno de los 250 mil volantes y calcomanías que Albano Harguindeguy, el entonces ministro del Interior de la dictadura, mandó a imprimir: “Los argentinos somos derechos y humanos”. Ahí empecé a entender algo sobre una de las contradicciones argentinas que se manifiestan en el fútbol, una ceremonia que implica también catarsis, juego, mística: ser más, ser otra cosa.
3. Cierta parte de la izquierda argentina de entonces –izquierda que fue la víctima principal de la dictadura junto con el peronismo– tuvo una actitud indulgente (por llamarla de alguna manera) con el gobierno de Jorge Rafael Videla por razones más o menos geopolíticas. El Partido Comunista no entendía que un progresista norteamericano, Jimmy Carter, fuera quien liderara a nivel global la denuncia sobre lo que estaba pasando en la Argentina.
4. Videla no era “la Argentina”. Obviamente, la Argentina también estaba formada por las personas que hacían cola para denunciar a la dictadura, las Madres de Plaza de Mayo, quienes festejaron los Mundiales del 78 y 79. Los que sabían y los que no. Era otra cosa. Pero en el mundo, al hablar de la Argentina, de lo que se hablaba era de su gobierno.
5. Años más tarde, 1982, hubo otra marcha. Fue el 30 de marzo, pidiendo “pan, paz y trabajo”. Fue una demostración masiva, replicada en todo el país, con muchos detenidos y un muerto: el dirigente José Benedicto Ortiz. Pero pocos días más tarde el mismo gobierno que reprimió consiguió otra marcha, esta vez a favor: muchos apoyaron la cuestión Malvinas. Muchos de los mismos reprimidos unos pocos días antes fueron a la Plaza a escuchar el “daremos batalla” de Galtieri. No los afiliados al Partido Comunista, pero muchas personas “nacionales y populares” apoyaron esa guerra. Claramente, con los años –tal como quedó demostrado durante el Mundial–, Malvinas pasó del otro lado: se transformó en una cuestión de toda la sociedad. Pero entonces, la dictadura encontró un argumento, que le permitió encontrar una suerte de consenso que no tenía.
6. A diferencia de entonces, hoy hay redes. En una entrevista que le hicimos al abogado de los DD.HH. venezolano Alfredo Romero, nos dijo algo esclarecedor: “En tiempos de X, Instagram y Facebook se hubiera sabido mucho antes que había desaparecidos en Argentina”. En tiempos de redes, todo se sabe: hasta lo que no sucede. Las redes te llaman a opinar, a decir y establecen una especie de eco que aumenta y propala. Nos sentimos impelidos a participar de los debates comunes. Es lo que sucedió a lo largo del Mundial sobre la Argentina. Muchos progresistas del mundo, Yanis Varoufakis, Zohran Mamdani, Daron Acemoglu, a raíz del Mundial, se sintieron compelidos a hablar sobre la Argentina, su equipo de fútbol, su gobierno. El mejor ejercicio consiste en escuchar el mensaje.
7. En este mismo espacio expresé una mirada sobre el liderazgo de Lionel Scaloni: su estilo es un ejemplo para la sociedad. También corresponde decir que, como suele suceder con las potencias deportivas, también hubo cierto nivel de indulgencia de los árbitros con la Selección, durante el Mundial, no muy distinto de lo que pasó con otros de los “grandes” del mundo. Quizás el ejemplo sea el partido con Egipto, en el que el gol anulado, si bien está justificado por el reglamento, participa del orden de lo discutible, opinable.
8. Obviamente, el gobierno actual no es una dictadura. Pero cabe estar atentísimos a los avances autoritarios. La crítica de gran parte del progresismo internacional no fue a los argentinos. Fue al Gobierno. Un gobierno que entendió ese mensaje y reaccionó. Los tuits de Agustín Laje, Marcos Galperin, las declaraciones de Lilia Lemoine van en este sentido. La llamada “campaña anti-Argentina” está respondiendo a decisiones y manifestaciones de nuestro gobierno. El gobierno de un presidente que dijo “somos superiores estéticamente”, de una vicegobernadora que afirmó que la selección francesa es africana, entendió el mensaje. Y se expresa: lo que en alguna época hubiera producido vergüenza hoy se torna debate: en esta semana y las precedentes, el Gobierno habló en contra de los extranjeros, se calificó a través de sus militantes a Kylian Mbappé como un “cometrabas” y Santiago Caputo dijo que “ser negro es piedra”.
9. Es la sociedad que vota la que debe escuchar lo que dicen sus dirigentes, sus gobernantes. Debe pensar cuánto la representa. Cuánto nos representa. Cabe pensar realmente en nuestra dosis de racismo (transformado en clasismo) en la cotidianidad, en nuestros vínculos. No es menor que Donald Trump y Benjamin Netanyahu sean los principales aliados a nivel global del Gobierno. Tampoco es ilógico que muchos protagonistas prefieran la gestión de Pedro Sánchez a la de Javier Milei. Los progresistas de la Argentina debieran tomar nota de sus propias posiciones.
10. Liderar consiste también en producir agendas nuevas. En el ruido de las redes es muy difícil. La clave está en generar discusiones. Y no repetir errores de otros tiempos.

Por Pablo Helman-Perfil

