El oficialismo alimentó, desde el primer partido del Mundial, la narrativa rascista. Las redes lo amplificaron. El manual de los ingenieros del caos.
En 2014 el húngaro Viktor Orbán ganó su segundo mandato consecutivo como primer ministro. Sin embargo, poco después de su victoria su popularidad empezó a irse a pique, entre escándalos de corrupción y enormes manifestaciones populares. Pero el autor de la frase “el nuevo Estado que estamos construyendo es iliberal” tenía una carta bajo la manga: Arthur Finkelstein, un estratega estadounidense que había trabajado para las campañas de Nixon, Reagan y Netanyahu.
El “ingeniero del caos” del húngaro propuso, entonces, golpes de efecto radicales para cambiar la agenda. Primero fue el intento de legalizar la pena de muerte, un viejo anhelo de Orbán, pero no prendió. Después pasó a la inmigración islámica, aunque había un problema: los extranjeros eran poco más del 1% de la población, y los creyentes de esa religión eran mucho menos. Pero para Finkelstein, que suele repetir que“en política lo que se percibe como verdadero es lo que acaba siéndolo y no lo que es verdad, lo más importante es que nadie sabe nada”, esto no fue un escollo. A través de los resortes del Estado, de los canales públicos, de la cartelería en la calle y de las redes lograría hacer crecer el tema al punto tal de que al año siguiente habría un referendúm sobre si aceptar o no a refugiados y el “no” se terminaría imponiendo con el 98% de los votos. En esa época el “Movimiento 5 estrellas” de Italia publicaba su manual de conducta: “La inmigración suscita muchas emociones, como miedo e ira. Las personas son presas de sus emociones y perciben una amenaza, no se puede pretender que sigan un discurso puramente racional. Nosotros somos una vía de escape de la rabia".
Estas historias podrían parecer lejanas de la Argentina del 2026, que todavía se lame las heridas luego de la final del Mundo perdida contra España. Pero están bien cerca. No sólo porque Orbán, que este año dejó su cargo luego de 16 años en el poder, supo tener una estrecha relación con Milei, o porque el M5E italiano fue literalmente el modelo que La Libertad Avanza copió en sus inicios, sino porque parecería que “los ingenieros del caos” libertarios están probando globos de ensayo casi calcados en este suelo. Lo que ocurrió en el Mundial, durante el cual empezaron a tenderse unas subterráneas redes entre Claudio Tapia y el ala karinsita del Gobierno, fue mucho más que un partido de fútbol.
Subcampeón. El martes 21 a la 1 de la tarde Agustín Romo, mano derecha de Santiago Caputo y línea fundadora de LLA, tuiteó “Argentina es el único país del mundo que da salud y educación gratis a los extranjeros. ¿Y vienen a bardearnos y acusarnos de cualquier cosa? Tenemos que cortarles todo ya, y deportar a todos los que estén acá ilegalmente. ¿Tan malos somos? Seamos malos de verdad”. Para aquel momento la Selección había perdido la final, evento que desencadenó una oleada mundial de enojos y conspiraciones: desde la extendida tesis de que el partido había sido amañado a la idea de que había ganado “el bien” contra “el mal”, el “multiculturalismo” versus los racistas o Palestina contra Israel. A la segunda oleada se sumaron un grupo tan diverso de personas como el actor Samuel Jackson, la actriz porno Mia Khalifa, el escritor español Arturo Pérez-Reverte y también popes del progresismo internacional como el griego Yanis Varoufakis o la relatora especial de la ONU, Francesca Albanese.
Todas estas declaraciones polémicas trajeron una enorme repercusión en este suelo. Estas celebridades internacionales se convirtieron en las tendencias más buscadas de Google, “campaña antiargentina” fue tendencia en las redes, los portales se llenaron de notas, se viralizaron en redes perfiles de Instagram de extranjeros anónimos que viven acá y que se habían mofado de la derrota de la Selección, y el debate recorrió el país. Romo, jefe de la bancada oficialista en la legislatura bonaerense, tradujo su catarata tuitera en un proyecto de ley que propone arancelar las prestaciones de salud en hospitales públicos provinciales y los estudios de grado en universidades provinciales estatales para los extranjeros sin residencia permanente. La idea trajo un amplísimo apoyo del Gobierno, desde Bullrich hasta el karinismo.
El proyecto de Romo, que como Orbán y Finklestein incluyó el capítulo de crear una realidad paralela para inflamar los ánimos -en el caso del legislador fue cuando afirmó que 40% de los estudiantes de Medicina de la UBA son extranjeros, aunque tal cual publicó Chequeado son sólo el 28%-, no salió de un repollo. A lo largo de todo el Mundial cuentas que orbitan el mundo libertario, varias de ellas que suelen ser retuiteadas por Milei, vienen lanzando frases incendiarias en las redes. “¿Qué pasó negrito? Se ve que Allah no quiso”, publicó @altashanta después del primer partido contra Argelia, junto a una imagen editada en forma de meme de un jugador argentino asesinando a un argelino, tuit que tuvo cincuenta millones de visualizaciones. Romo, que luego presentaría el polémico proyecto, amplificaría ese posteo tildándolo de “probablemente el mejor tuit de la historia”. @nosoypitti, que ocupa el puesto 80 de las más retuiteadas por Milei -mientras que @altashanta escala al 69-, lo compartió diciendo “como se siente la vida ahora que se muestran nuestros tweets racistas traducidos a todo el mundo”, (en referencia a la herramienta que Elon Musk introdujo en su red social en abril) junto a la imagen de un monito que festejaba. “Que piedra se volvió ser negro”, aseguró Santiago Caputo por la derrota de Brasil. “Tuvieron que importar africanos para volver a ser campeones del mundo al igual que Francia, orgulloso de mi Selección 100% argentina”, subió @trumperizar -puesto 63 de los más retuiteados por Milei- luego de la derrota en la final.
La lista de comentarios xenófobos de integrantes del Gobierno y sus satélites durante el Mundial es muy larga, pero el tema de fondo está planteado: ¿hubo una acción premeditada de generar enojo en el resto del mundo con este tipo de comentarios provocadores? ¿Alimentar esa bronca para luego “defenderse” de ella fue una estrategia?
En esta intersección es donde aparecen algunos datos. Julián Macias Tovar, especialista español en redes sociales y coordinador del sitio “Pandemia digital” analizó 107 millones de publicaciones en redes, foros y medios digitales (aclarando que en Instagram y Facebook sólo se pueden analizar públicamente las cuentas “business” y no las personales) que mencionaron “Argentina” y derivados en varios idiomas durante los últimos 90 días, haciendo foco en la supuesta campaña “antiargentina”. Los resultados son contudentes:la conversación negativa total solo subió un 1,5 % desde que empezó el Mundial, y el pico más negativo fue antes del torneo, el 25 de abril. No sólo eso, sino que encontró que solo en Twitter (red que pertenece a Musk, el amigo de Milei, y dode los libertarios se sienten más a gusto) la conversación es mayoritariamente negativa. En Facebook y YouTube está prácticamente empatada, mientras que en Instagram y TikTok las positivas más que duplican a las negativas. El especialista también destaca que en la previa a la final hubo una “campaña masiva desde Israel para vincularse con Argentina”, que incluyó el apoyo público de varios funcionarios de ese gobierno y de hasta Netanyahu, que hinchó por la Selección y apoyando a Messi. El factor Israel parece ser central en toda esta historia: como registró la agencia Ad Hoc a los dos días del último partido, si la primera acusación en redes a Argentina fue de “rascista” (826.000 menciones), la segunda hizo referencia a Israel (764.000) y al genocidio que está cometiendo en Palestina. Cabe formularse la pregunta: ¿la vinculación de Israel con Argentina está buscada adrede para enojar a todos los que están en contra del genocidio palestino? Javier Bardem lo explicó bien en un video no casualmente muy pocos parecen haber escuchado: “No creo que sea justo porque hay muchas personas en Argentina que no apoyan a Milei, como muchos en Estados Unidos no apoyan a Trump, pero cuando ves a un presidente como Milei apoyando tan abiertamente a un criminal de guerra como Netanyahu realmente querés que gane el otro equipo”.
Maximiliano Firtman, licenciado en Sistemas, prograpador y docente, publicó en Perfil una nota donde en donde detecta “muchas cuentas patrocinadas por la casa de apuestas Rainbet que sumaron millones de visualizaciones con declaraciones falsas y supuestas faltas de Messi; muchas cuentas son de Asia y África. “Quizás el objetivo no fuera atacar a un país, sino monetizar la polarización y alimentar el negocio de las apuestas y los mercados de predicción. Sí hubo publicaciones racistas desde Argentina, algunas impulsadas por tuiteros oficialistas. El algoritmo premió esas publicaciones y, después, la sobrerreacción internacional”, concluyó. Belén Belloso, creadora digital, hizo un video en el que explicó el ciclo del "ragebait" (el bait del enojo): "El ciclo del contenido provocador: el algoritmo mide, mide mucho, tiene más alcance, reacción en cadena, monetización. Es un mecanismo dos bandos: a los argentinos les muestra contenido de los otros países agrediéndolos, diciendo que son racistas, y a los españoles les muestra contenido de los argentinos contando y diciendo cosas contra los españoles. Todos interactúan y se viraliza el odio".
Todo este episodio podría ser sacado del manual de “los ingenieros del caos”. “Desde el punto de vista de ellos, la ventaja de la cuestión migratoria no consiste únicamente en reforzar la división de Carl Schmitt entre nosotros y ellos, sino que sobre todo quiebra las barreras tradiciones entre la izquierda y la derecha”, escribe Giuliano da Empoli en su libro. El ensayista parece haber adivinado lo que se venía en Argentina: comunicadores tan lejanos al Gobierno como Pedro Rosemblat o Tomás Rebord salieron a decir que “está más con Milei que con Pedro Sánchez” -el primero-, y “Milei es un autista pero es nuestro autista, esto es Argentina contra el mundo” la lógica de que entre el libertario y cualquier extranjero se quedarían con el primero por el hecho de ser de la misma nacionalidad. Jorge Rafael Videla, que en la previa del Mundial 78 intentó silenciar la verdad sobre los crímenes de su dictadura que ya corrían por el mundo tildándolas de “campaña anti argentina”, podría reírse desde su tumba.
“Se pasaron meses diciendo que no existían las campañas de desinformación extranjeras. Me alegro que se unan a la defensa de los intereses argentinos finalmente”, festejó Caputo en las redes el apoyo de las personalidades del otro lado de la grieta. Hasta “La Derecha Diario” -que aseguró que Milei mismo estaba empujando el proyecto para arancelar hospitales y universidades a los extranjeros, algo que hasta ahora no fue confirmado salvo por ese medio ultraoficialista- celebró que muchos “kukas” ahora “la estén viendo”. Juan Pablo Carreira insistió con esa idea de suspender por un rato las “diferencias”: “Kukitas, defender la soberanía también es defender a nuestro Presidente de los ataques extranjeros, porque en última instancia a Milei lo eligió el pueblo soberano. Hacia adentro discutamos lo que quieran, pero de afuera no pueden condicionar nuestra soberanía”. Hasta el mandatario, que al momento que esta nota se escribe sigue teniendo un cuadro de la criminal de guerra Margaret Thatcher en su despacho, lanzó una proclama nacionalista en sus redes: “nos tienen celos a los argentinos, somos buenos en casi todo”.
Laberinto. La gran duda es hasta dónde podría escalar esta ola de nacionalismo inflado. Pilar Ramírez, mano derecha de Karina Milei y jefe de la bancada oficialista en la legislatura porteña, reflotó un proyecto que había presentado a principios de año para arancelar la salud para no residentes en hospitales públicos en la Ciudad. La Rosada deslizó que están evaluando presentar algo similar en el Congreso. ¿Se convertirá “lo extranjero” en uno de los temas de la campaña del año entrante? Podría parecer algo muy lejano e imposible para un país que en el arranque de su Constitución invita a recibir a “todo aquel que desee habitar el suelo argentino”, pero la nueva derecha europea y Orbán tienen muy en claro que no hay tema que funcione tanto para agitar emociones como el miedo al inmigrante. Y, tal cual asegura el manual de los ingenieros del caos, la política moderna en la era del algoritmo se convirtió en exactamente eso: inflar enojos y conducirlos.

Por Juan Luis González-Revista Noticias

