El dueño de Techint delegó el día a día de Tenaris para enfocarse en la estrategia global y nacional. Su fuerte cortocircuito con Javier Milei, el malestar por las filtraciones de Macri y su apuesta por un “mileísmo sin Milei” que garantice el equilibrio fiscal con institucionalidad. Las conversaciones con Bullrich.
Todas las mañanas, Paolo Rocca va a trabajar. Puede cambiar de ciudad, pero su rutina siempre lo ubica entrando a una oficina, visitando plantas industriales u obras de su constructora que el Grupo Techint tiene alrededor del mundo. Pasa la mayor parte de sus días en el barrio porteño de Retiro y reserva una jornada semanal para supervisar su empresa predilecta: Tenaris, en Campana. También le gusta visitar las tres escuelas Roberto Rocca, ubicadas a pocos kilómetros de sus plantas en Buenos Aires, Río de Janeiro y Monterrey. Invierte dinero y tiempo en proyectos educativos y culturales, donde cultiva —institucional y personalmente— su relación con la comunidad. Así transcurre una semana en la vida del hombre más rico de la Argentina.
Lejos de pensar en la jubilación, Rocca sigue dirigiendo la estrategia de la “T” desde la presidencia del Grupo. Durante tres años formó a su medida a Gabriel Podskubka. En 2023 le creó el cargo de director operativo (COO) y lo mantuvo como su mano derecha para que, desde mayo de este año, lo sucediera en el puesto de CEO, un lugar que el propio Rocca ocupó por más de dos décadas. Atravesó momentos de fuerte inestabilidad empresaria, como la crisis que disparó la estatización de Sidor en Venezuela o el extendido conflicto por la compra mayoritaria de acciones de Usiminas en Brasil. “Una vez que logró encaminar el proceso y despejar la inestabilidad, decidió correrse del día a día de la firma de los papeles”, cuenta una de las personas que conoce de cerca al empresario ítalo-argentino.
En 2017, después de la primera incursión de YPF con la estadounidense Chevron en la exploración del petróleo no convencional, Tecpetrol —la energética del Grupo Techint— apostó fuerte al desarrollo del gas no convencional en su yacimiento de Fortín de Piedra, con una inversión de USD 2.500 millones, cuando la industria energética local estaba desarrollando sus primeras armas en la roca de Vaca Muerta.
El choque con el Gobierno y la mirada geopolítica
A sus 72 años, al magnate del acero le obsesiona el vínculo social. Considera que los empresarios deben volver a las fuentes del trato cotidiano con los trabajadores para entender la realidad de los vecinos de las fábricas. “Concibe que no hay crecimiento de una industria si no es en paralelo al crecimiento de esa comunidad que la rodea”, destacaron desde su entorno. En la ciudad de Campana, las anécdotas de su participación en cumpleaños, bautismos y eventos con los empleados son habituales. Con su inconfundible español italianizado, debatió varias veces en foros del sector privado sobre la importancia de la imagen corporativa, como también sobre el rol de la industria, el peligro del avance de China en la economía mundial y el riesgo de primarización de la Argentina. Allí aplica una lectura política de los vínculos sociales.
El presidente Javier Milei lo subió al ring del debate público al apodarlo “Don Chatarrín”, luego de que Tenaris perdiera ante una empresa india una licitación entre privados para abastecer de tubos de acero el transporte de gas de Vaca Muerta. La embestida libertaria chocó contra la frialdad de Rocca. En las oficinas de la multinacional leyeron el ataque de la Casa Rosada como una estrategia política para buscar un chivo expiatorio ante el inicio de la crisis del desempleo. No era la primera vez que un gobierno lo confrontaba para ganar popularidad peleando contra los catalogados “poderosos y empresaurios”.
Pero el cortocircuito tiene un trasfondo más profundo. El dueño de Techint está enfocado en frenar el avance de China, especialmente en la producción de acero. Con una mirada geocomercial estratégica, desnudó las contradicciones del alineamiento de Milei con el gobierno estadounidense de Donald Trump, advirtiendo que detrás de esa retórica se esconde el pragmatismo de los negocios controlados por el Estado del gigante asiático. Eso exasperó al presidente. “Paolo juega en otra liga. No le preocupa una pelea que no le suma; se enfoca en los debates que mueven el tablero mundial”, resume otra fuente de su entorno en diálogo con PERFIL.
El desgaste oficial y el silencio ante Macri
Rocca fue uno de los tantos empresarios que aportó a la campaña presidencial de Milei, aunque no fuera su candidato de cuna. Sin embargo, desde que La Libertad Avanza llegó al poder, hablaron una sola vez, casi al inicio de la gestión. Luego, el diálogo se cortó. Sus ejecutivos de primera línea mantienen vínculos técnicos y articulan políticas con funcionarios de primera línea, como con el secretario de Coordinación de Producción, Pablo Lavigne, y hasta con el ministro Luis Caputo; pero con las terminales políticas el trato es menos frecuente, por decisión del Gobierno.
Otra señal del rápido desgaste fue el destrato oficial hacia la Unión Industrial Argentina (UIA) —donde Techint ejerce una influencia decisiva— a pesar del esfuerzo de Martín Rappallini de sostener los puentes intactos. Para colmo de males, el panorama empeoró cuando uno de los directivos encargados de representar los intereses de la siderúrgica en la entidad mostró una conducción errante dentro de la mesa chica fabril.
Las reuniones privadas entre Rocca y Mauricio Macri para hablar sobre el rumbo del país no son una novedad, en gran parte porque vivían a dos cuadras de distancia. Sin embargo, hace pocos días, en su intento por volver al centro de la escena política, el expresidente se encargó de filtrar a la prensa su último encuentro. Quienes frecuentan al empresario aseguran que “estaba molesto” por la filtración, aunque evitó enviar voceros a desmentirla. No avaló la jugada, pero tampoco hizo pública su incomodidad. Un silencio simbólico.
La apuesta por un “mileísmo sin Milei”
“Rocca mira la chance de que la Argentina entre en un cierto grado de normalidad, sin los problemas históricos que generó el déficit fiscal”, admite a este medio un hombre de su entera confianza. Este concepto explica por qué evita la confrontación directa con Milei: no quiere desgastar el modelo. Esa delgada línea lo lleva a apostar por un “proceso que madure, con una dirigencia que entienda que lo que hay que hacer en la Argentina es este plan, pero con institucionalidad”.
Aunque los tiempos de la política aún no definieron las cartas electorales del año próximo, en el círculo rojo pegó fuerte la desilusión por el fracaso del incipiente armado de Provincias Unidas, que en las elecciones de medio término del año pasado representó con poca fortuna una postura intermedia entre libertarios y kirchneristas. Ahora, la idea de un “mileísmo sin Milei” gana terreno, y las miradas se dirigen hacia el rol de la presidenta del bloque libertario en el Senado, Patricia Bullrich.
Rocca siempre tiene un interlocutor para cada candidato, pero en su fuero íntimo cree que la imagen de Bullrich encaja con el plan de sostener la estabilidad macroeconómica implementada por Milei. Avala la idea de mantener el equilibrio fiscal, pero sumando un pragmatismo desarrollista que saque a la producción nacional del “eje del mal”, lugar en el que la ubicaron los libertarios. Sin embargo, existe una limitación biológica: la excandidata presidencial cumplió este último viernes 70 años. Una llegada de corto plazo a la Casa Rosada la alcanzaría con casi 72 años. Y si espera otro turno, “tendrá casi la misma edad que (Joe) Biden cuando llegó a la Casa Blanca en Estados Unidos”, analizan en el ecosistema empresarial.
“Argentina tiene una dimensión tal que no debe situarse en un contexto internacional apoyándose únicamente en la fuerza de sus recursos naturales y dejarse guiar por ellos. Necesita, a mi juicio, accionar con un fuerte reordenamiento de la economía y una fuerte política industrial. El hecho de que este concepto haya sido desprestigiado por los abusos económicos del pasado, la falta de transparencia y la intervención, no le quita valor ni relevancia. Debemos hacer política monetaria e industrial”, destacó Rocca en su última participación en la Conferencia Industrial de la UIA.
El influyente empresario intenta convencer a sus colegas del círculo rojo de que la salida es sostener el camino hacia la “normalidad económica”, pero advierte que para lograrlo se necesita éxito electoral y respaldo social. Su renovada influencia política no responde a que ahora tiene más tiempo libre tras delegar el día a día de Tenaris, sino a que nunca abandonó su esencia de analista de Ciencias Políticas, disciplina en la que se formó durante su juventud en la Universidad de Milán. En la mesa chica de Paolo Rocca la conclusión es clara y tajante: “Si la Argentina es normal, entonces ya no se necesita a un loco en el poder”.

Por Ariel Maciel – Perfil

