Chubut Para Todos

Degenerados filosóficos

La decisión del magnate tecnopolítico libertario de vivir en la Argentina abre la necesidad de entender cuál es su influencia y por qué seducen sus ideas al gobierno de Milei.

“En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el cerebro de manera que vino a perder el juicio”.

– Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, Parte I, Capítulo I.

“Que el mar está agonizando, que no hay quien confíe en su hermano, que la tierra cayó en manos de unos locos con carnet. Que el mundo es de peaje y experimental, que todo es desechable y provisional”.

– Joan Manuel Serrat, “A quien corresponda”.

“Ahora han creado un híbrido más potente: carteras de inversión que funcionan como argumentos filosóficos, posiciones de mercado que convierten las convicciones en operaciones”.

– Evgeny Morozov, Nueva Sociedad 318, junio-julio 2025.

1. Hace un tiempo, el presidente Milei habló de “degenerados fiscales” para referirse a los diputados que votaron leyes tan elementales como las que protegían a las universidades y a la salud pública. Jorge Fontevecchia replicó los argumentos presidenciales –sobre todo aquella mirada sobre los datos– con una imagen potente: habló de “degeneración matemática” para referirse a la falta de rigor del primer mandatario y muchos de sus funcionarios. La llamativa presencia de Peter Thiel en Argentina, su influencia sobre el Gobierno y sobre cierta parte de las élites, a partir de dos elementos, su condición de “magnate filósofo” y de “católico”, nos invitan a alertar sobre una nueva categoría: estamos frente a degenerados filosóficos.

2. Thiel y los suyos tienen mucho poder, sí. Pero su argumentación es más de propagandista con un léxico que suena a intelectual, que refiere a intelectuales verdaderos, pero, en el fondo, lo que hacen es establecer argumentos ideológicos que justifiquen su acción y, sobre todo, sus negocios. La distancia que hay entre las ideas más potentes para comprender la realidad, la verdad, el ser y los argumentos de los tecnoligarcas es la que va de El capital al Manifiesto comunista. La distancia de un texto de elaboración a un panfleto. Thiel, Karp (su socio en Palantir), el excéntrico Nick Land, que abandonó su cátedra en Inglaterra para transformarse en un bloguero en Shanghái, son esencialmente propagandistas. Autopropagandistas. Recordemos una de las definiciones del diccionario sobre la palabra “degeneración”. La RAE habla de una “pérdida progresiva de la normalidad psíquica y moral”. No ausencia, sino caída desde algo. La palabra supone un punto de partida más alto.

3. Thiel se instaló en la Argentina. Un artículo del New York Times revela algo de sus razones: estar lejos de un posible conflicto nuclear o eludir impuestos a las más altas fortunas, hacer negocios con el experimento Milei. También jugó un torneo de ajedrez, inscribió a sus hijas en una escuela en Barrio Parque y se reúne con economistas a los que expone su teoría sobre el Anticristo, que se referencia en el sociólogo René Girard y en el filósofo y jurista Carl Schmitt. Para él, el Anticristo se encarnaría en aquellos que pretenden ponerle un límite a la avidez aceleracionista de hacer negocios, un espectro –je– que va desde Greta Thunberg al propio Papa (la figura, que incluye a Francisco, pero también a León XIV). Thiel, el que financió la carrera política del vicepresidente de los Estados Unidos, JD Vanceparecería ser la sombra detrás del proyecto de Gemelos Digitales que anunció el gobierno. El plan recuerda a una de las Unidades de negocios de Palantir, su empresa: Ontology. Ontología, para Thiel, es poder predecir lo que hacen las personas, su ser, a través de cálculos matemáticos. Se trata de una fe un tanto excesiva. René Girard, Schmitt, Nietzsche no se lo tomarían muy en serio. Quizás sí corresponda la serie a la hora de pensar las implicancias políticas de todo esto.

4. Thiel, su socio Karp, el bloguero Curtis Yarvin, el filósofo Nick Land. La derecha ultra tiene sus ideólogos. También Hitler tuvo sus Dietrich Eckart (un poeta que marcó su formación) o su Alfred Rosenberg (quien elaboró gran parte de la doctrina racial del nazismo). Son nombres menos conocidos, por ejemplo, que los de Martin Heidegger o el propio Carl Schmitt. Las ideas que acompañan a Trump o a Javier Milei tienen más de esotérico que de rigor intelectual. Lo que las torna más peligrosas, no menos.

5. Nick Land dijo: “El hombre es algo que el capital debe superar”. Su panfleto Colapso, ya en los 90, marcó al aceleracionismo, desde un origen en la izquierda. Alex Karp estudió en la cátedra del filósofo Theodor Adorno en Frankfurt. Pero una lectura cuidadosa de su libro La república digital muestra otra evolución práctica de su pensamiento. Mientras su maestro decía cosas como: “No hay vida correcta en la vida falsa”, el socio de Palantir afirmó: “Me encanta la idea de conseguir un dron y rociarlo con orina levemente mezclada con fentanilo sobre los analistas que intentaron jodernos”. Cualquier parecido con el “no odiamos lo suficientemente a los periodistas” no es pura coincidencia.

6. Evgeny Morozov (Soligorsk, Bielorrusia, 1984) es doctor en Historia de la Ciencia por la Universidad de Harvard, fundador de The Syllabus (una plataforma de curaduría del conocimiento) y autor de La locura del solucionismo tecnológico (2015). Un fragmento de uno de sus artículos –publicado por El País– es esclarecedor: “Los vocabularios taxonómicos a los que hemos recurrido hasta ahora –élites, oligarcas, intelectuales públicos– se tambalean ante esta nueva especie. Los filósofos-reyes de Silicon Valley no son simplemente los mecenas de antaño, que financiaban gabinetes de expertos u organizaciones sin ánimo de lucro. Ahora han creado un híbrido más potente: carteras de inversión que funcionan como argumentos filosóficos, posiciones de mercado que convierten las convicciones en operaciones. Y mientras los multimillonarios de la era industrial construían fundaciones para dejar un recuerdo de su visión del mundo, los personajes actuales crean fondos de inversión que son al mismo tiempo fortalezas ideológicas”.

7. Las “fortalezas ideológicas” son precisamente eso: muros, castillos, conformadas por un aparato de propaganda compuesto más de paranoia que de ideas: se trata de una pátina que pretende justificar algo tan elemental como deseo de lucro.

8. Pero es una arquitectura que necesita de un tipo particular de líder. Ese que expresan Milei y Trump a la perfección. Líderes que convenzan más por identificación que por sus ideas. Líderes que expresen la frustración de una sociedad más que sus objetivos. El filósofo Alberto Toscano habla del movimiento que va del “padre transgresor” al “líder transgresor”. Señala: “Es esencial para las bases del liderazgo fascista conservar la energía primaria libidinal en un nivel inconsciente, de forma que sus manifestaciones se deriven de una manera adecuada para sus fines políticos”.

9. Detrás de las ideas de la ultraderecha hay más psicología que filosofía. Hay más de síntoma (especialmente de la sociedad que vota a sus dirigentes) que de sustento conceptual. También se aplica aquello de “inteligencia artificial” al sustrato que la sostiene. Por eso, la encíclica papal Magnifica Humanitas de León XIV y la homilía de Jorge García Cuerva en el tedeum del 25 de mayo resultan parte de un mismo dispositivo y son tan importantes para comprender la disrupción que vivimos.

IA, Peter Thiel. | Pablo Temes

Por Pablo Helman-Perfil