En la semana de los balances ningún diario importante se olvidó de destacar, en primer lugar, el fenómeno Trump, un hecho que no deja de sorprender, ya que el republicano, resistido por los medios pero con un apoyo férreo entre sus votantes, logró reponerse de la trama rusa, de las demoras en su rechazo de la controvertida Obamacare y de una serie interminable de polémicas vía Twitter sobre lo políticamente correcto en cuestiones diversas, que van desde el racismo hasta el control de armas en su país.
NUEVA DIPLOMACIA
El reconocimiento de Jerusalén, más allá de la polémica, puede ser visto como una toma de posición firme y una señal de apoyo a sus principales aliados en Medio Oriente, aunque esa y otras decisiones pueden ser vistas también como riesgos potenciales en el largo plazo: muchos analistas sostienen que el liderazgo norteamericano, construido durante años con paciencia de orfebre en torno a la labor incansable del U.S. Foreign Service (“America’s other army”, según la tesis del libro de NIcholas Kralev, que lleva ese título) ha vuelto algo volátil, y el camino unilateral no fortalece la relación con los aliados europeos.
Lo cierto es que a la representante norteamericana en Naciones Unidas, Nikki Haley, no le tembló la voz cuando sugirió que tomaría nota de las naciones que no apoyaban su nueva posición respecto de Jerusalén, y que presionaría económicamente a la mismísima ONU por no acompañar sus intereses. Otra muestra del estilo confrontativo de la diplomacia bajo la administración Trump.
TIEMPO DE HOMBRES FUERTES
Lo inobjetable es que el realismo político parece haberse impuesto en este año, y no sólo en la Casa Blanca. El poder de Putin en Rusia y el de Xi Jinping en China son –como sostiene una nota de ayer en el periódico The Guardian- la confirmación de una tendencia de la que las naciones occidentales parecían ya incapaces: la de los hombres fuertes, con un ego gigantesco y brutal sinceridad. ¿Una tendencia en alza? No lo sabemos. Pero está claro que la presencia comercial de los chinos sigue creciendo en latinoamerica y, pese a que el continente se ha vuelto a alinear con las políticas de Washington, parece más cerca de estas dos potencias en cuestiones de desarrollo económico, como corresponde a las economías complementarias. Final abierto en este sentido: habrá que ver si Trump reactiva, en futuros intercambios diplomáticos, los lazos comerciales con el resto de las Américas.
PROTAGONISMO FRANCÉS
Para The Economist la gran noticia estuvo en Francia: fue la confirmación de que el sueño de la Unión Europea sigue vivo. Al triunfo del outsider Emmanuel Macron le siguió un claro protagonismo de los galos en la reconstrucción de la esperanza del bloque que pareció reflejarse en las cifras económicas, que ponen a Francia como el país que más ha crecido –según el análisis de The Economist- en los últimos 12 meses, al tiempo que los indicadores confirmaban que el Brexit había perjudicado la economía inglesa, desconcertando a los admiradores de la flema británica, ante un camino que conmueve las bases culturales de la estructura política y cultural como no se veía desde hace cuatro décadas. Pero volviendo a Francia, sería un error subestimar las huelgas que paralizaron el país como reacción a las reformas laborales de Macron, que intentan unificar el mundo dentro del paradigma de un obrero global. Habrá que seguir con atención este tipo de conflictos.
ISIS PERDIÓ SUS TIERRAS, PERO…
El optimismo por la caída de Isis en Medio Oriente debe atemperarse un poco si consideramos que la organización terrorista no pierde su poder de destrucción, en un año en el que parecieron multiplicarse los atentados perpetrados con vehículos, que se llevaron la vida de decenas de personas.
LA VIRALIZACIÓN DEL “ME TOO”
Casi todos los diarios importantes, desde Le Monde hasta El País, pasando por el New York Times o La Nación, señalaron en estos días el fenómeno del “me too” generado por el caso Weinstein, que sacudió Hollywood durante meses, y puso en el tapete la discusión sobre el acoso sexual en el ámbito laboral.
No fue un año sencillo en el campo de la libertad de expresión, ya que la desinformación puso a veces la opinión por encima de los hechos, y la discusión sobre fake news y posverdad siguió desvelando a quienes investigan el poder de grandes empresas como Facebook o Twitter, y a quienes alertaron sobre el fin de la neutralidad en la red.
CONSOLIDACIÓN DE CAMBIEMOS
En Argentina se consolidó el poder de Cambiemos y el declive del kirchnerismo, aunque el fin de esta pulseada comienza a poner de relieve que está faltando liderazgo en la oposición, en tanto que los sindicatos han permanecido al margen de la pelea, lo cual les puede jugar en contra a la hora de reconstruir la oposición a futuro. Por el momento no aparecen nuevos avatares del peronismo que vengan a restablecer el equilibrio de fuerzas en nuestra democracia, como ha sido la costumbre en otros momentos de la historia argentina.
INDEPENDENTISTAS… Y LOS OTROS
Cataluña alzó su voz y fue protagonista del año que termina, pues logró instalar en las tapas de los diarios su simulacro de Independencia, algo que, paradójicamente, consiguió despertar a las fuerzas de la unión con España quienes, bajo el liderazgo de la guapísima Inés Arrimadas, llegó a la primera minoría y le dará pelea a la mayoría independentista.
LA UNIÓN EUROPEA GOZA DE BUENA SALUD PERO…
La gran protagonista podría haber sido Alemania, locomotora de una Unión Europea que logró reponerse con éxito del huracán Brexit, pero Angela Merkel pago caro su política inmigratoria y finalmente no pudo armar su propio, y le faltó liderazgo frente a los problemas candentes de una zona en la que una treintena de movimientos nacionalistas amenazan con transformarse en nuevos conflictos secesionistas. Buena parte de la culpa debe atribuirse a la primer ministro alemana, que perdió la firmeza y la iniciativa de sus primeros años frente a los desafíos del continente. La Unión Europea, de todos modos, sigue en pie, y eso no es poco, si tenemos en cuenta las expectativas y los temores de los primeros meses del año.
VIVIR PARA CONTARLA
Pero si se nos permite un poco de humor negro para distender los ánimos, podríamos decir que la mejor noticia fue lo que no ocurrió: el dictador de Corea del Norte, bautizado por Trump como Rocket Man, tuvo la precaución de no incluir cabezas nucleares en los innumerables cohetes que lanzó durante este año. Así es: seguimos vivos. Algo que en tiempos turbulentos como los que vivimos, de huracanes, atentados, amenazas y otras yerbas, cuenta como una buena noticia más.
¡Feliz 2018!
*Abogado -UBA-. Analista internacional, especialista en Asuntos públicos.


